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Elecciones 2026: muchas más posaderas que sillas


“El juego de las sillas ya empezó y tocan reguetón maleado. Ojalá consigan asiento en el Senado las posaderas más sensatas”.

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pacto etico electoral
Fecha actualización:
27/12/2025 - 07:00
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Hay 36 opciones para votar por presidente, igual que en la ruleta de un casino. Y si algo muestran las elecciones peruanas recientes es que no hay ninguna razón para pensar que quienes lideran hoy las encuestas pasarán a segunda vuelta.

Desde julio, además, los primeros lugares en las encuestas varían poco, en algunos casos dentro del margen de error. Rafael López Aliaga lidera con alrededor de 10%, pero no crece desde agosto. Keiko Fujimori ha bajado de 9% a 6% y ha sido desplazada del segundo lugar por Mario Vizcarra, que hoy está en 8%. Carlos Álvarez cayó de 6% a 4% y César Acuña se mantiene estancado en 3%. No hay ola, hay chapoteo.

Estos porcentajes son sobre votos totales y la valla electoral exige 5% de votos válidos (además de 3 senadores o 7 diputados). Lo más probable es que esta elección tenga un volumen elevado de votos blancos y nulos, a los que se sumarán votos anulados por errores en mesa, favorecidos por una cédula electoral grande y compleja. Si los votos blancos, nulos y anulados alcanzan el 25%, 5% de votos válidos equivale a 3.75% del total. Varios candidatos hoy están por debajo de ese umbral.

¿Qué pasará, entonces, con el ejército de pitufos que hoy logra 3% o menos? Conviene separarlos en dos grupos. Están, primero, los ya conocidos. Eso significa que los encuestados ya los tenían presentes cuando optaron por decir “blanco”, “nulo” o “no sé”. Es difícil creer que ese electorado termine decantándose más adelante por alguien que ya rechazó como opción. Su problema no es visibilidad, sino atractivo.

En el caso de los desconocidos sí puede haber sorpresas, no necesariamente porque tengan mejores propuestas, sino porque el electorado está buscando cambio. Eso genera un incentivo enorme para salir del anonimato a como dé lugar. En elecciones anteriores podía ser estratégico no exponerse temprano y esperar la última ola. En 2026, en cambio, hay un problema previo: dar a conocer el logo en la maraña que es la cédula de votación. Quien no logra en tres meses y medio una identificación mínima queda fuera.

El tema identitario probablemente sigue pesando. Fue importante en 2021 y no hay razón para pensar que haya desaparecido. Pedro Castillo fue golpista y corrupto, pero una parte significativa de peruanos cree que fue víctima de un golpe. El apuro del Congreso al manejar su vacancia hizo plausible, para muchos, la narrativa de abuso. La coherencia del relato con un sentimiento hondo de exclusión pesa más que la verdad factual, y los políticos lo usan.

La inseguridad ciudadana genera mucho temor muy bien fundado. El miedo reduce la tolerancia a matices y aumenta la demanda por soluciones simples o radicales. En ese contexto, discursos antisistema pueden prosperar. Los candidatos con más posibilidades de crecer no son necesariamente los que hoy están segundos o terceros, sino los que logren encarnar un relato de agravio frente a “los de siempre”. La etiqueta ideológica no es lo que más importa; influye más con quién te rodeas y a quién se culpa.

Si las elecciones fueran hoy, la gran mayoría de partidos quedaría fuera. A eso se sumaría que los resultados oficiales van a demorar por la complejidad del conteo. Eso puede resultar en un Congreso menos fragmentado que el actual, pero con mucha oposición de quienes quedaron fuera y buscarán resarcirse en las elecciones regionales y municipales de noviembre 2026. El juego de las sillas va a dejar muchas posaderas en el aire y a ningún político viejo o nuevo le gusta la foto en esa pose.

Por eso es indispensable explicar cómo se vota, cómo se cuentan los votos y qué escenarios pueden darse, además de asegurar suficientes observadores en mesa. Las elecciones se definen por emociones: miedo, hartazgo y desconfianza. Hay riesgo de discurso antisistema cuando tenemos la oportunidad de oro (plata y cobre) de volver al ritmo de crecimiento que sí genera empleo y reduce pobreza.

El juego de las sillas ya empezó y tocan reguetón maleado. Ojalá consigan asiento en el Senado las posaderas más sensatas.

 

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