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El Perú en manos del elector de cola

“El elector de cola no quiere perder su voto, se inclinará por quien sea tendencia o le dé la sensación de que puede llegar, dejando de lado propuestas de gobierno, emitirá un voto emotivo, muchas veces por el menos peligroso. ¡Que Dios nos ayude!”.
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Votación ONPE
Columna de Ana Jara.
Fecha actualización:
09/04/2026 - 07:00
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Sorprende la volatilidad del votante peruano, del segundo al cuarto lugar de las preferencias electorales hay constante movimiento, están muy cerca unos de otros y por ahí uno comparte posiciones, puntos o décimas más, de acuerdo a lo que ha trascendido de las últimas encuestas y trackings electorales (seguimiento diario de la tendencia del voto), que continúan haciéndose a petición de parte, en el marco de las elecciones generales 2026, pero que no pueden publicarse ni darse nombres ni porcentajes por una prohibición obsoleta de ley, que a la clase política no le ha dado la gana derogar. 

Es penoso que a tres días de los sufragios, no tengamos predictibilidad de quiénes entrarán al balotaje, ni qué organizaciones políticas alcanzarán a pasar la valla con su votación a las cámaras, salvo una, que parece estar cuasi segura, pero al resto, aún no. Y es que nuestros ilustres legisladores amarraron de tal forma las normas electorales, que se condiciona no solo alcanzar el 5% de votos válidos, excluyendo blancos y viciados, sino el colocar 7 diputados y 3 senadores en más de una circunscripción electoral. Es claro que esto último favorece a los partidos tradicionales cuyo símbolo es más conocido, así como el rostro de quien encabeza su plancha, no habría lugar para partidos neófitos o mozalbetes. 

Hemos entrado a una parafernalia de ataques masivos o recordaris sacados del archivo, de declaraciones o posturas del pasado, viralizado en las redes (que han suprimido el efecto multiplicador de un buen mitin o actividades proselitistas en calles y plazas) de los principales candidatos que pugnan por colarse a la segunda vuelta o al menos colocar legisladores en el Congreso pasando la valla. Pero en el preludio del 12 de abril, día de las elecciones, el efecto teflón se ha activado en varios, nada los quema, la gente parece aceptarlos tal como son y entonces la suerte de nuestra nación queda en manos del votante de cola, proclive a votar por quien juzga ha estado subiendo en las encuestas, o que es mencionado en los taxis o buses de transporte y hasta en la misma cola de su centro de votación, o se hablaba mucho de él o ella en su entorno familiar al salir a sufragar, como la persona que puede colarse en el balotaje o le pueda hacer frente a quien lidera la intención de voto, si es de su desagrado. 

Así las cosas, el elector de cola no quiere perder su voto, se inclinará por quien sea tendencia o le dé la sensación de que puede llegar, dejando de lado propuestas de gobierno, emitirá un voto emotivo, muchas veces por el menos peligroso. ¡Que Dios nos ayude!

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