En la historia de la humanidad, nunca había existido tanto contenido creado con tan poco esfuerzo.
Decían los expertos que la inteligencia artificial iba a liberarnos de labores tediosas y repetitivas, sin embargo, esta se ha enfocado en darnos atajos para tareas creativas: escribir, dibujar, crear imágenes, diseñar, hacer videos/animaciones y componer música. La idea, supuestamente, es ahorrarnos no solo el tiempo que dedicamos en crear, sino también las incontables horas que los humanos sacrifican para dominar un arte, con todas las frustraciones y obstáculos que eso implica.
Según un reciente estudio, el contenido en Internet generado por IA ya superó el creado por humanos. Serán muchos los efectos adversos de esta avalancha plástica: más desinformación y polarización política, menos empleos, incremento del costo de la energía y, por ende, más desigualdad económica. Pero a nivel individual no sabemos lo que perderá el alma humana cuando ya no se requiera esfuerzo real para crear algo genuino, propio y valorado.
Esta preocupación no es solo mía, pues es el eje central de la nueva obra maestra de Rosalía: LUX. Según la artista, su nuevo álbum es una obra HUMANA, en el sentido máximo de la palabra. La cantante recalca que IA no ha sido usada para nada, e incluso no ha tomado atajos comunes como loops, correctores de voz o arreglos electrónicos. Cada nota ha sido tocada o cantada por alguien, una persona de carne y hueso.
LUX, además, reivindica el proceso creativo como algo intensamente social, pues no solo ha necesitado a cientos de personas, sino que las ha tenido que juntar en un espacio físico. En el primer video del disco, “Berghain”, Rosalía camina por su casa y ciudad mientras es acompañada, casual, por la Orquesta Sinfónica de Londres.
Esto en un contexto donde el acto de crear es cada vez más solitario. Una persona (o bot) puede generar en segundos una mala imitación del tipo de contenido que antes requería una comunidad, evitando todas las discusiones, compromisos y pequeños milagros colaborativos.
Rosalía entiende eso y la ha llevado a crear su obra más profunda y personal, pues ha exigido su maestría, experiencias, crecimiento y el apoyo de colegas. La autora canta en 13 idiomas y cada detalle está cargado de simbolismo.
LUX presenta el acto de crear como una rebelión moderna y declara a la IA, no como la herramienta que nos ayudará a crecer, sino como la que destruirá lo que nos hace más humanos. El tiempo dirá si es una nueva manera de valorar la creatividad o una anomalía en un mar de contenido sintético y desechable.