El escándalo de las vacunas, en particular, cae sobre nuestras espaldas como una traición. Somos millones los que la semana pasada seguimos fascinados la ruta de los aviones que viajaron hacia Perú con 300 mil vacunas, primero, y 700 mil, después, y celebramos a los primeros médicos vacunados, para luego enterarnos de que Vizcarra, su esposa y su hermano, además de altos funcionarios, ya se habían vacunado hace meses a hurtadillas. ¿Por qué no lo informaron? Era posible argumentar que vacunar por adelantado a ciertos funcionarios expuestos al virus era razonable, pero es injustificable haberlo hecho en secreto mientras cientos morían cada 24 horas y otros miles arriesgaban su vida en primera línea día tras día. Para poner las cosas en perspectiva: con esas 2,000 dosis regaladas se pudo vacunar a 1,000 médicos, donde entre los beneficiados seguro se hubiese encontrado uno de los casi 300 médicos que han fallecido por COVID.