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LIBRERO

Guillermo Rivas: "El libro es una extensión del cuerpo humano"

Hoy se celebra el Día Internacional del Libro. Guillermo Rivas es lector, librero y lidera Book Vivant, una librería donde se lee y se bebe (vinos). Perú21 lo entrevistó.

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Guillermo Rivas.
Guillermo Rivas es lector, librero y lidera Book Vivant. (Fotos: Martin Pauca).
Fecha actualización:
23/04/2026 - 07:06
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Su primer libro, o el primero que lo impactó, fue Dos años de vacaciones de Julio Verne. Se lo entregó su padre, un hombre que apenas terminó la primaria, cuando Guillermo cumplía los once o doce años.

En la adolescencia su padre trabajó en una botica, pero camino a ella estaba la biblioteca del pueblo. En Bragado, provincia de Buenos Aires. En ese tránsito, conoció la biblioteca y se convirtió en lector.

Y la leyenda cuenta que conquistó a la madre de Guillermo leyendo poesía en voz alta. Ella tenía 15 y él 18. Ella era la hija de un gran empresario y él un chico sin apellido ni dinero. Tres años después de casaron y nació Guillermo Rivas.

“Creo que mi origen es la lectura en voz alta”, me dice Guillermo mientras dibuja una sonrisa y le pregunto si acaso su padre también tenía una voz grave. “Sí, ¿sabes que sí? Ahora que lo decís, no lo había pensado”. Su voz es efectivamente grave pero tersa, con una dicción perfecta y una interpretación casi musical que no necesita ensayo.

Rivas es lector, librero y quien lidera la librería Book Vivant, ubicada en Miguel Dasso 111, en el corazón de San Isidro, donde me recibe para esta entrevista, donde se lee y se bebe (vinos).  

 

 

¿Leer en voz alta debería ser una práctica más instalada?

Una de las cosas que más reivindicamos es la lectura en voz alta. Se lee en comunidad, se lee conversando, se lee dialogando. Una lectura en silencio no está mal, pero es introspectiva, es para uno, para mirarse hacia adentro. Pero habíamos perdido lo otro, que estamos tratando de recuperar: que la lectura también es un acto comunitario, de construcción social. Y con la Asociación Peruana de Librerías Independientes (APLI), que la presido, estamos trabajando mucho esta campaña de lecturas en silencio, pero en comunidad: gente que se junta en un lugar, se sienta y se pone a leer.

¿Por qué es importante ese acto comunitario?

Hay un acto reflejo de cuando tienes a alguien leyendo al lado: también te provoca esa concentración de lectura. Y porque se puede establecer el diálogo.  

Hoy se critica a quienes van por la calle leyendo, o con un libro bajo el brazo, o asistiendo a un café a leer, o cuando publicas en redes sociales tus lecturas. Y se dice que lo hacen por pose, ego, para vanagloriarse que leen. Puede ser cierto, pero qué importa. Preferible eso a nada. Aquellos gestos pueden contagiar a otros a leer y, eventualmente, se provoca una ola, lo cual es positivo. ¿Qué opinas?

Yo que vengo de una sociedad muy egocéntrica (risas), te puedo decir que eso sucede mucho, que hay mucha gente mostrándose con un libro en la mano, que tiene que ver con el ego, pero también tiene que ver con esta idea de que tiene un valor social o aspiracional. Está la hipocresía, la doble moral: de que llevas un libro y no lo lees, como en todo. Pero no me parece mal, porque pone en valor ese tema. Hace 23 años que estoy en el Perú y desde que llegué las librerías se han multiplicado. La cantidad de libros en el país se ha multiplicado, la cantidad de lectores es alucinante. Me causa gracia cuando se dice que hay muy pocos lectores en el Perú y yo digo comparado con qué... Si lo comparamos con Islandia, sí, estamos jodidos. Si vemos nuestra historia peruana, hoy estamos creciendo a nivel de lectores. Y un dato no menor: tenemos una ley que dice que todos los años hay un presupuesto para que el Ministerio de Cultura, Dirección del Libro y Biblioteca Nacional compren libros para las bibliotecas públicas. Esa política no existió nunca. Es histórica. Perú está creciendo muchísimo en lectura, en bibliotecas, en librerías. Cuando yo llegué, Crisol tenía tres librerías y hoy tiene cuarenta. Íbero tenía una o dos, ahora tiene diecinueve. La APLI tiene cincuenta librerías adheridas, de las cuales casi el 80% no existía antes de la pandemia.

 

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Guillermo Rivas.

 

Me cuentas que en tus inicios en el mundo del libro le enseñaste a tu madre a ser librera. ¿Cómo así?

Le armé una librería itinerante, que iba por ferias. Eso fue en los noventa. Se llamaba como ella: Graciela. Ella vendía en ferias en las universidades, porque en ese tiempo yo trabajaba en una editorial universitaria. Y se dedicó a eso hasta que se jubiló de librera. Fue del 95 hasta antes de la pandemia.  

¿Y por qué vienes a Lima?

Yo era el director comercial para Sudamérica de una empresa de texto educativo: Pearson. En una de las crisis gravísimas de Argentina me dijeron: “O te despedimos o te mandamos a otro lugar”. Vine a abrir la oficina de esa editorial en Perú. Luego trabajé para la empresa Macmillan y luego fui director general de SM. Cuando estaba en el mundo corporativo soñaba con que me iba a jubilar e iba a tener una librería. Y me anticipé (sonríe).

 

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Guillermo Rivas.

 

¿Cómo lees, qué manías tienes?

No forro los libros. Me gustaría, pero no me da el tiempo. Sí subrayo; si quiero dejarle una marca indeleble al libro, uso lapicero. Los señalo (con etiquetas adhesivas) si los voy a leer en voz alta. Todo el tiempo trato de leer en voz alta. No anoto en cuadernos. Y leo libros sobre caminar. Me encanta el tema de caminar, porque me impactó muchísimo un texto de Thoreau, un filósofo americano que se va a vivir a un bosque y hace de la caminata un ejercicio intelectual, espiritual. Baudelaire y Walter Benjamin profundizan sobre esta idea de las personas que caminan por la ciudad sin rumbo aprehendiendo, apropiándose de lo que sucede en la ciudad, como un espacio de conflicto, intercambio y conocimiento al mismo tiempo. Leo todo el tiempo sobre eso, sobre todo cuando camino y ahí sí llevo un cuaderno donde anoto.  

¿Lees en cualquier momento?

Tengo libros aquí en la librería, en el auto, en la casa, junto a la cama, en la cocina, en el clóset. Mi casa es una biblioteca (sonríe), excepto el baño por la humedad.  

¿Qué estás leyendo por estos días?

Algo nuevo que se llama El caballero de Moscú, de Amor Tahures, que lo estamos leyendo con el club de lectura de la librería. Es la vida de un señor acaudalado de la clase alta rusa que recibe la revolución y lo encierran en la habitación de un hotel de lujo por más de veinte años. Después, estoy releyendo Sostiene Pereira, porque en la librería estamos haciendo un taller literario sobre su autor, Antonio Tabucchi. Estoy leyendo mucho sobre besos, para lo cual haremos una cata literaria, donde vamos maridando lecturas en voz alta junto con un vino y algún piqueo, será el 28 de abril. Y más para mí, leo un ensayo que se llama La voz de los libros, sobre la historia de los libros, pero desde el punto de vista de la lectura en voz alta. Hace menos de 200 años que leemos en silencio. Pero durante cientos y cientos de años leímos en voz alta. Cervantes escribió El Quijote pensando que sería leído en voz alta, tiene una entonación que está más vinculada a la lectura en voz alta que a la lectura en silencio. 

 

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Guillermo Rivas.

 

¿Qué es un libro?

Un instrumento de nuestra capacidad de reflexionar sobre nosotros mismos y nuestro entorno. Un libro es diálogo, es conversación, es reflexión, es introspección, es emoción, es risa, es grito, es llanto. El libro es una extensión del cuerpo humano, es la extensión de nuestra humanidad, de lo que nos hace seres humanos.

¿Qué es ser librero?  

Un librero es curar un catálogo, es elegir libros entre una infinidad de posibilidades, conectarse con la lectura y conectar con las emociones de los otros para finalmente recomendarles lecturas. No necesariamente la curaduría y la recomendación tienen que ver con lo que a mí me gusta, sino también lo que le puede interesar y gustar al otro. Lo bueno de una librería es la capacidad de poder mostrar todas las ideas. La librería es sinónimo de conversación.  

¿Cómo se puede empezar a leer?

Lo más importante es que haya una conexión emocional. Siempre pregunto qué hobby tienes. Hay gente que recorre cafeterías o que junta estampillas. A través de esa emoción busco darle una lectura que sea como un trago corto para que el efecto sea más o menos inmediato. Si te gusta el fútbol, Messi es un perro de Hernán Casciari. Si te gustan las novelas de amor, Seda de Baricco. Si te quieres reír, Wilt de Tom Sharpe. Emociones, y después va lo demás. Si no te gusta leer, no es que no te guste leer, es que no encontraste el libro.  

A tu madre la tienes contigo. Pero a tu padre ya no. Si él se aparece en este momento, ¿qué le dirías?

(Empieza a reír antes de terminar de formularle la pregunta. Sus carcajadas son controladas y graves). “Gracias”. Siempre. “Gracias”. Y “quedate un ratito que te quiero leer en voz alta”.

¿Qué le leerías?

El día que enterramos sus cenizas en una casa con un jardín que tiene mi mamá le leí un poema de Miguel Hernández, que hablaba de la muerte y de encontrarse después... No sé si lo escuchó (ríe), entonces le leería eso (sonríe)...

 

Autoficha:

-“Soy Guillermo Alejandro Rivas. Dos nombres y un apellido, así era en Argentina una época. Tengo 59 años. Nací en Bragado, provincia de Buenos Aires, en 1966. Acabé el colegio y me obsesioné con la militancia política. Entré a la universidad a estudiar Ciencia Política”.

-“Fui dirigente, presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Buenos Aires. Una militancia bastante activa, hasta que el partido y esto de seguir pensando lo mismo pero todo cambiaba alrededor me hizo un poco de conflicto y me dediqué a los libros”.

-“Si se da una ecuación extraña, podría pensar en abrir un Book Vivant en Buenos Aires o en Barcelona. Dos de mis hijas está en Buenos Aires y dos en Barcelona. Y quiero desarrollar la importadora, que estamos haciendo un trabajo maravilloso con Anagrama y Libros del Zorro Rojo”.

 

 

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