Fue la cuadra uno del Jirón de la Unión. Había inmuebles y al lado de ellos, el Arco de Lima, el ingreso a la ciudad viniendo del distrito del Rímac.
En diciembre empieza la restauración del antiguo Hotel Comercio. Proyecto que Prolima lidera. Te contamos todos los detalles.
Arco que se incendió en 1880. No se pudo reconstruir porque vino la guerra con Chile, tras lo cual el Perú quedó arruinado. Aquella estructura llevaba la inscripción “Dios y el rey”, pero luego de la independencia se cambió a “Dios y la patria”.
–Lima va a cumplir 500 años. De esos casi cinco siglos, probablemente los últimos 140 años no han tenido el arco. Pero en todos los siglos anteriores sí hubo un arco. Lo natural en el paisaje urbano de Lima es que exista ese arco —me dice Luis Martín Bogdanovich, quien lidera la gerencia de Prolima desde hace una década.
Hasta hace seis años, se imponía el silencio del concreto, el ruido del paso de los automóviles hacia el desnivel que conduce a la avenida Tacna, por debajo de la Alameda Chabuca Granda. Pero un día del verano de 2020, por accidente, todo cambió. Debajo de esa pista que mira al jardín trasero del Palacio de Gobierno se encontró un episodio fundacional de la ciudad.
Se estaba haciendo mantenimiento al jardín de la berma central de la vía. De pronto, hubo un hundimiento. Prolima acudió al lugar y se halló un muro. Pidieron permiso al Ministerio de Cultura para intervenir y esa autorización se convirtió en lo que hoy podemos apreciar: los restos de Lima de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX.
Cerca de donde hoy es la Alameda Chabuca Granda estuvo el molino de Aliaga. (Foto: Javier Zapata).
En el siglo XVI se construyó el molino de Jerónimo de Aliaga, compañero de la empresa conquistadora de Francisco Pizarro. Recibió un primer solar, que hoy sigue en pie al lado del Palacio de Gobierno y donde vive la generación número diecisiete de dicha familia, en la hoy llamada Casa de Aliaga. En el segundo solar que le otorgó Pizarro, en la siguiente cuadra camino al puente, construyó un molino de trigo, a pocos metros del arco.
El molino traía agua del río Rímac. Una rueda de piedra molía el grano. Con el grano molido se hacía harina; y con esta, pan, con lo que se alimentó a la ciudad.
–Este es el origen de la megalópolis de doce millones de habitantes. Este espacio no puede ser cubierto nuevamente, porque sería cubrir nuestra historia.
Una ciudad debajo de la ciudad. (Foto: Prolima).
En 1680, aproximadamente, el molino de Aliaga fue abandonado. Lo que se hizo fue reutilizar las estructuras y construir viviendas sobre ellas. Allí vivían, por ejemplo, los condes de Sierrabella, cuyos descendientes fueron los propietarios del Palacio Veneciano o el Palacio Concha, edificado en esa zona, sobre las estructuras del molino.
Había hoteles, tabernas, los primeros cafés que se abrieron en la ciudad en el siglo XVIII, una alojería: donde se vendía aloja, una bebida refrescante. Y es, precisamente, una de esas casas la que provoca el incendio que termina reduciendo a cenizas el Arco de Lima.
Así van los trabajos de Prolima. Zona será parte de una recuperación integral. (Foto: Prolima).
–¿En qué momento todo eso se convierte en una pista?
–A mediados del siglo XX se decidió demoler toda la cuadra uno del Jirón de la Unión. Toda la manzana. Además, al frente, se destruyó la iglesia de Desamparados en 1938 para hacer el jardín de Palacio de Gobierno. Una iglesia maravillosa del siglo XVII.
Hoy se realizan los trabajos de recuperación y restauración, zona que se convertirá en un espacio abierto donde los ciudadanos de a pie podrán descender y conocer Lima en sus diversos momentos históricos. Se vinculará con el proyecto de restauración de todo el río Rímac y la nueva Alameda Chabuca Granda.
–¿Se va a reconstruir el arco?
–El proyecto existe, está contemplado en el plan maestro, tenemos el expediente concluido. Lima nace como la capital de América del Sur, desde donde se gobernaba el resto del continente, factor que explica el patrimonio que tenemos. Es algo que no debiéramos perder desde una perspectiva identitaria, pero también económica. Lima ha sido destruida. Lo que tenemos que hacer es reconstruirla.
Maqueta de cómo pudo haber sido el Arco de Lima. (Foto: Javier Zapata).
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