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Solo la gastronomía nos une tanto: aplausos para el pan con chicharrón

Con un total de 12.8 millones de votos, el pan con chicharrón se alzó con el gran premio en el Mundial de Desayunos organizado por el streamer español Ibai Llanos.
 

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La buena arepa reina pepiada hizo difícil el camino, pero no pudo con el pan con chicharrón.
Fecha actualización:
13/09/2025 - 13:05
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El Perú lo esperaba, y se logró. No pudimos con el fútbol, pero en la comida nadie nos gana. 

El humilde y glorioso pan con chicharrón —ese sánguche que sabe a domingo familiar, a lonchecito y a tradición en la mesa— se impuso sobre la arepa venezolana en el Mundial de los Desayunos, un reto viral que mantuvo en vilo a millones de personas, como si perder fuera el fin del mundo. 

En medio de un país que reclama seguridad y con una presidenta que supera el 90 % de desaprobación, fue este pan el que consiguió unir a los peruanos.

“La gastronomía es una de las pocas cosas que verdaderamente nos une como país”, me dijo el gran Micha a pocas horas de que Maido fuera elegido el mejor restaurante del mundo. 

Lo mismo me recordó Pía León, única mujer en el top 10 de The World’s 50 Best Restaurants: “En momentos difíciles, la cocina puede ser alegría, puede ser abrazo, puede ser esperanza”. Y pasó. Ganamos. Ibai Llanos convirtió su torneo viral en negocio, y lo hizo bien: Perú disparó el consumo de pan con chicharrón tras vencer a todos los desayunos de la región.

El fenómeno tiene nombre: Ibai Llanos. A los 30 años, el bilbaíno es mucho más que un streamer. Narrador de eSports, creador de contenido y empresario digital, es considerado el comunicador más influyente en lengua hispana. Con millones de seguidores en Twitch, YouTube, Instagram y TikTok, convirtió un torneo de desayunos en un fenómeno global. El resultado: un país entero aplaudiendo a su sánguche más querido.

En las calles, el triunfo se vivió como fiesta. Las chicharronerías más emblemáticas —esas que te hacen poner los ojos chinitos de felicidad— y las más modestas en los barrios se vieron desbordadas de pedidos.

La buena arepa reina pepiada hizo difícil el camino, pero hasta mis amigas venezolanas lo admitieron: “Al pan con chicharrón no lo supera nada”. 

No necesitábamos de un Ibai Llanos para reconocer su grandeza, pero el empujón que le ha dado a nuestro sánguche ya logró —me parece— que el turista no solo pida cebiche y Pisco Sour: ahora también pedirá su sanguchón. 

El embajador de la Unión Europea en Perú, Jonathan Hatwell, lo confirmó levantando su pan y gritando “¡Vamos Perú!”, como si se tratara de un gol en tiempo extra.

Hoy, en Instagram, TikTok y YouTube, el pan con chicharrón brilla. El mundo entero ya sabe lo que los peruanos intuíamos: que en un bocado de pan, camote y chicharrón late la historia de un país. 

El secreto no solo está en el corte perfecto de panceta ni en la fritura en su propia grasa hasta quedar crujiente; el secreto es la memoria: la receta que pasa de abuelos a nietos, la espera frente a la olla humeante, el papel manteca que guarda la tradición. El triunfo es, en realidad, un homenaje a todas las manos que han freído chicharrón de madrugada y a los vendedores que, con un “caserita”, nos regalan cada día una sonrisa.

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