La historia de Antaqa Café comenzó mucho antes de aparecer en rankings o titulares. Nació del impulso de Abel Avendaño, un ingeniero de software que un día sintió que el café le exigía la misma precisión que el código, pero con una recompensa emocional distinta.
Entre visitas a fincas, largas conversaciones con productores y noches enteras estudiando tuestes, Abel encontró un propósito: crear en Ayacucho un espacio donde el café de especialidad contara su propia historia. No quería replicar modelos; quería construir una comunidad que entendiera, valorara y celebrara el origen.
Desde La Cascarilla, un pequeño poblado de Jaén, Ángel Antonio Manosalva ocupó el primer puesto en el importante evento con un geisha de 90.64 puntos, destacando entre casi 300 muestras y llevando nuevamente a Cajamarca al centro del café peruano.
Ese camino lo llevó a un reconocimiento que hoy marca un antes y un después. Antaqa Café alcanzó el puesto 31 en The South America’s 100 Best Coffee Shops 2025. El galardón premia la calidad de su café y la consistencia de su propuesta.
Un Esprresso en una pieza de arte de los ceramistas de Pájaro Loco.
Antaqa Café trabaja de la mano con productores y clientes para fortalecer la cultura cafetera local. Y sus tazas son piezas de arte de Pájaro Loco.
Ellos mismos tuestan su café, diseñan la carca y cuidan cada detalle del espacio.
El día de nuestra visita disfrutamos de filtrados en Origami y V60 con un café geisha de Ancco, La Mar, del productor Abel Villcas. Abel y su equipo no solo te sirven una taza de café. Te cuentan la historia.
No te puedes marchar sin probar su tiramisú, una versión que lleva espresso recién hecho, sabayon de queso, biscotela y un toque crocante de nibs de cacao. Y debes pedir, por supuesto, un Capuccino. O su bebida de autor: el Macaccino, café y maca.
Un proyecto que nació para educar, compartir y unir territorio con taza
En Antaqa, cada bebida es una oportunidad para conversar sobre procesos, variedades, perfiles sensoriales y el trabajo que ocurre antes de que el grano llegue al molino. “Queríamos empezar aquí, en nuestra tierra, para mostrar lo que tenemos”, explica Abel.
El equipo impulsó talleres, catas y asesorías para que los productores perfeccionaran sus procesos y los consumidores descubrieran sabores más limpios, dulces y aromáticos.
La idea original era abrir en Lima, pero los altos costos hicieron evidente que era necesario replantear el camino. Esa aparente dificultad terminó siendo una ventaja: Ayacucho se convirtió en el lugar ideal para construir una propuesta auténtica, conectada con el origen y con la comunidad que produce el café que Antaqa sirve cada día.
Antaqa Café es un símbolo del esfuerzo ayacuchano y de la capacidad del café peruano para competir a nivel internacional. El siguiente paso depende de todos: la votación continúa abierta y el público puede ayudar a que este proyecto siga escalando posiciones.
DATO :
Antaqa Café está en la esquina del jirón Tres Máscaras con el jirón Bellido, en pleno centro de Ayacucho.
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