Alexandra Graña es una de las actrices más versátiles de su generación. Con una trayectoria de casi 40 años, que abarca teatro, cine y televisión, ha construido una carrera marcada por personajes intensos y cercanos y ha sabido transitar entre distintos lenguajes y formatos.
Desde este 6 de marzo, Alexandra vuelve a las tablas como una de las protagonistas de Madres, el musical, en el Teatro Municipal de Surco. La acompañan en el elenco Rossana Fernández-Maldonado, Érika Villalobos y Gianella Neyra, en una corta temporada hasta el 15 de marzo. Las funciones serán de jueves a sábado, a las 8 p.m., y domingo a las 7 p.m. Entradas en Teleticket.
En’ Madres…’ interpretas a Bea. Cuéntanos de ella.
Bea es la mamá ejecutiva, la que tiene absolutamente todo en un excel y tiene que dirigir a sus hijos un poco a larga distancia, porque trabaja todo el día. Tiene gente que le ayuda con todas sus cosas y sus hijos. Ella misma no puede cumplir con todo, no puede estar en las actuaciones de sus hijos, no puede estar en los partidos de fútbol y eso le genera mucha culpa.
¿Qué tan diferente es Bea de Alexandra como mamá?
Se aleja bastante de mí. Yo sí estoy más presente. Yo me dedico a ser actriz, pero manejo bastante bien mis tiempos para poder también estar con mis hijas. Tampoco estoy tan organizada como Bea. Mis cosas pueden cambiar de un día para otro.
¿Eres de las que permiten todo o más bien de las que imponen cosas?
Pongo límites, pero sí escucho lo que tienen que decir y de ahí lo converso con su papá.
Foto: Martín Pauca
¿Cuánto tiempo te tomó prepararte para este papel?
Tenemos siete años haciendo esta obra y esta será la última vez que la hagamos en Lima. Vamos a darle pase a un nuevo elenco. La primera vez que la hicimos, nos tomó unos tres meses prepararnos porque hay canciones, hay que aprenderse coreografías. Es un musical un poco exigente.
¿Qué es lo que más te ha costado de ser madre?
Primero, la falta de independencia. Ya no tengo la capacidad de tomar decisiones por mí sola, sino que ahora cada decisión que tomo la tengo que pensar varias veces porque tengo toda una familia a mi alrededor. Ir a hacer un casting fuera ya no es tan fácil como antes. También ahora debo ver qué proyectos acepto, cuáles no; o sea, ahora todo tiene que ser consultado. Y otra cosa que no voy a dominar nunca es el tema de las enfermedades, la preocupación cuando los hijos se enferman.
Has trabajado en producciones desde el 88. ¿Cómo sientes que ha sido el camino recorrido?
Ha sido y es difícil. Cuando me metí en esto me dijeron que era difícil, pero yo realmente no lo creí. Es incierto. A veces tienes chamba, a veces no, a veces tienes proyectos que te gustan, a veces no.
¿Crees que el papel de Érika, en ‘Qué buena raza’, le dio un gran impulso a tu carrera?
Lo que me impulsó, en realidad, y que me puso en el mapa de las novelas fue hacer La rica Vicky, en donde me dieron un personaje importante cuando era muy chica. Lo que me permitió Érika es mostrar otra faceta de mí porque antes estaba un poco encasillada en hacer de la mala, la fuerte, la villana. Con Érika hicimos un cambio en mi carrera; o sea, le mostré a la gente que podía hacer comedia y que podía hacerlo bien. A partir de ahí se me abrieron como más posibilidades. Por ejemplo, el primer personaje importante que hice afuera, para Televisa, fue una comedia. Qué buena raza me convirtió en una actriz más popular.
Foto: Martín Pauca
Hace unos años también te vimos actuando en la cinta ‘Reinas sin corona’.
Sí. Trabajar con Daniela Romo ha sido increíble. No solamente es una excelente actriz y cantante, sino que además es una gran persona, es un gran ser humano, es simpatiquísima, es superhumilde, es generosa con sus compañeros. Te juro que ha sido una de las mejores experiencias de mi vida.
Trabajaste en el extranjero, ¿por qué decidiste volver al Perú para continuar tu carrera?
Bueno, debo decir que me enamoré perdidamente de mi esposo y rápidamente salí embarazada. Entonces, fue más complicado. Para continuar mi carrera en el extranjero tendría que haberme quedado en México, pero me enamoré acá.
¿Qué parte de ti pudiste confrontar y sanar gracias a algún personaje?
Hacer de Érika, por ejemplo, me permitió perder el miedo al ridículo. Yo antes estaba muy preocupada por el qué dirán, muy preocupada por hacer algo que de repente la gente no aprobara. Pude ser yo misma, porque Érika sí tenía muchas cosas de mí. Después de Érika, me reconcilié conmigo misma y perdí el miedo a hablar, a equivocarme, a decir estupideces, a pedir perdón...
Foto: Martín Pauca
Has hecho cine, teatro y televisión. ¿Cuál de esos espacios te llena más?
Las tres cosas tienen una gran magia y las tres siempre me enseñan. Nací en la televisión, entro a un set de televisión y me siento muy cómoda, es mi casa. El teatro me saca de la de la zona de confort, me permite explorar personajes mucho más a fondo y enfrentarme todos los días a un público, eso da miedo. Sobre todo cuando es un personaje tan fuerte o que tiene mucho texto, pero lo enfrento y, además, estoy aprendiendo de grandes directores, siento que el teatro es gran parte de mi aprendizaje como actriz. Y el cine me fascina porque es una mezcla de los dos. No te enfrentas a un público, pero tienes que hacer un trabajo de personaje como en el teatro.
Tienes una trayectoria de casi 40 años, es humilde decir que sigues aprendiendo.
Uno nunca deja de aprender. No es igual la forma en la que actuaba hace 20 años o 10 o ahora. Me encanta aprender cosas nuevas. Yo tengo problemas de atención y el teatro para mí es un taller práctico, es maravilloso.
¿Qué desafío representa para los actores el auge de las redes sociales?
Antes éramos famosos porque nos hacían entrevistas en el periódico o salíamos en televisión y no todo el mundo podía ser famoso por eso. O sea, normalmente antes tenías que esforzarte, debías tener una carrera, tenías que hacer algo que hiciera que la gente te prestara atención. Ahora cualquiera puede hacerlo, cualquiera puede ser famoso por transmitir 24 horas mirando la nada. Hay gente que se hace famosa por cosas tan raras. Por un lado, efectivamente, hay mucha competencia, y yo que soy más grande, que ya voy a cumplir 50 años, es evidente que no puedo competir con chicos de 20 que están empezando a hacer esto. Sin embargo, el pro que le veo es que es una forma de mantenerte vigente, a pesar de no estar en televisión. Es un medio masivo y puedes tener chamba. Me parece maravilloso tener mi propio canal de comunicación y mi propio canal de visibilidad. Siempre trato de agarrar lo que me sirve de cada cosa.
AUTOFICHA
“Entré a estudiar clown con Wendy Ramos; fui de la primera promoción de Bola Roja e inmediatamente se dio Qué buena raza, y creo que ese personaje me permitió enfrentarme al miedo que tenía de hacer el ridículo, Érika hacía el ridículo”.
“Estaremos solo unos días con Madres, como para despedirnos del proyecto. Yo lo he perseguido como cinco años antes de que se haga. Se inició un poco para poder hacer catarsis porque decimos lo que muchas madres no se atreven a decir”.
“Esta carrera es gratificante por cada cosa que he hecho; me siento superorgullosa de haberlo hecho… Nunca he querido dejar la actuación. Sin embargo, sí quiero probar hacer otras cosas que me permitan tener una estabilidad económica”.