Con una trayectoria de cuatro décadas, el cantautor chileno Alberto Plaza se ha convertido en una de las figuras más destacadas de la balada romántica. Con motivo de su próximo regreso al Perú como parte de su tour Esencial, conversamos con él sobre esta nueva visita, la inspiración detrás de sus composiciones y la relación que mantiene con un público que sigue encontrando en sus letras un refugio para hablar del amor, la vida y los sentimientos que nunca pasan de moda. Su concierto será el miércoles 16 de setiembre en el Gran Teatro Nacional. Las entradas están a la venta en Teleticket.
Durante más de dos décadas, miles de fans de Gondwana soñaron con volver a verlos juntos. En esta entrevista, ambos revelan que este regreso nació para agradecer esa fidelidad y escribir un nuevo capítulo en la historia del reggae latino. El show será el 12 de noviembre en Costa21.
¿Este concierto será un recorrido por la nostalgia, quizás una nueva etapa o una mezcla de ambas?
Una mezcla de ambas lanzada más hacia la nostalgia, aunque nostalgia es una palabra un poco triste, digamos que hacia la historia. Hay algo de lo nuevo, la gente siempre pregunta al artista cuándo va a sacar nuevas canciones, pero cuando las saca, quieren escuchar canciones antiguas, las más conocidas, porque cuando alguien va a un concierto quiere encontrarse con su historia, con parte de lo que han sido sus emociones, sus momentos lindos con alguna pareja, con alguna celebración y eso es lo que yo quiero lograr en un concierto, quiero que la gente se conecte con lo más lindo de su relación con mi música. También habrá algo de lo nuevo, porque uno tiene que avanzar por la vida.
Tu relación con el Perú tiene muchos años.
Sí, muchos años y hay mucho cariño, es un país que me ha acogido con hospitalidad, con amor, con auténtica alegría y tengo grandes amigos allá. Se ha construido una relación que se prolonga por tres décadas y volver al Perú siempre es una alegría muy grande porque es encontrarme primero con un público encantador que me ha recibido en muchos escenarios distintos.
¿Después de tantos años cantándole al amor, te consideras un experto o todavía hay cosas que te sorprenden?
Pues ha cambiado todo. Hoy día el amor, por lo menos el amor de pareja, se vive muy diferente que cuando yo comencé a cantar. Es raro. Hoy, a la gente le asusta el amor; no se atreven a comprometerse por temor a perder después a ese amor. Y eso está basado en la evidencia, la cantidad de gente que se casa o se junta y luego se separa. Entonces, la evidencia asusta y los jóvenes de hoy dicen para qué me voy a comprometer si después me voy a separar. No hay esa sensación que había antes de estar convencido de que yo con esta persona voy a estar para siempre, entender que cuando venga la adversidad yo voy a trabajar y luchar para que esto salga adelante. Es como estar en un barco en medio del mar. Nadie dice: “Cuando venga una tormenta, yo me rindo, me tiro al mar y me ahogo”. Uno lo que dice es: “Yo hago lo que sea para salir de esto y lo haces”.
En una época en que la gente se enamora por aplicación y termina sus relaciones de manera exprés, ¿todavía existe el espacio para el romanticismo y las baladas, o ya pasó de moda?
No, eso nunca va a pasar de moda. Yo le agradezco mucho a los reguetoneros y a los urbanos de hoy, porque su música carece de espiritualidad y los jóvenes de hoy lo sienten y buscan en otros lados la espiritualidad que esa música no ofrece. De hecho, están dando vuelta su mirada hacia la música de los 70, de los 80 y 90, y ahí entro yo, vienen a escuchar mis conciertos y canciones. La música de hoy está muy pegada en el cuerpo y por sobre todo debajo del cinturón, en el sexo, y eso no es todo, es una parte además muy básica del ser humano, una parte bastante primitiva. Nosotros somos un ser espiritual. La música de hoy ofrece sexo y eso es muy poco.
¿Qué canción de tu repertorio elegirías para conquistar a alguien y cuál recomendarías para superar una ruptura amorosa?
"Bandido" sirve mucho. Y para superar una ruptura, quizás “Aventurera”.
La gente suele pensar que un baladista suele ser un romántico empedernido. ¿Cómo eres fuera de los escenarios?
Muy normal y cotidiano. Mi familia también, tengo cinco hijos, el menor tiene dos años, a veces hay gritos, cosas tiradas por el suelo, juguetes por todos lados, distracción, peleas, abrazos; así es que la familia es lo máximo, es el principio, el origen de todo y también el final, el destino. Hacia la familia va todo. A mi hijo de cinco años le preguntaron cuál era el trabajo de su papá y él dijo: “sacar la basura”. Así que cada uno tiene su percepción. También me gusta mucho el fútbol, todo este este mes ha sido un premio para mí y así lo seguirá siendo cada mundial que me toque vivir.
¿Tus canciones están basadas en historias propias o de otra persona o ficción?
No sé cuantificarlo, pero muchas son historias mías. O sea, son pensamientos más que historias. Yo no cuento muchas historias, yo más bien transmito reflexiones sobre la experiencia. Muchas de mis canciones son la reflexión sobre la vida que va transcurriendo. Por ejemplo, “Aventurera” la hice pensando en recuperar aquellas cosas con las que conquistamos a la pareja y que se van transformando en rutina y uno deja de regalar flores, deja de caminar por la playa, y transmití ese pensamiento como acción de rebeldía, yo no quiero que eso pase, no quiero que caigamos en la rutina. Y el bajista que grabó esa canción me agradeció porque le sirvió para analizar con su pareja la relación. Imagínate tú lo lindo que es eso, ya la canción cumplió su objetivo, que una persona haya mejorado su vida.
¿Alguna vez escribiste una canción para alguien y esa persona nunca llegó a saber que era para ella?
Hay una canción que se llama “Lourdes”, que fue para una periodista que hizo un comentario muy extraño en un medio de comunicación sobre mí, muy lleno de odio mal fundado, tenía datos falsos y no creo que alguna vez se haya enterado que era para ella.
¿Hay algún sueño que todavía tienes pendiente?
Quiero seguir recorriendo muchos lugares del mundo. Todo lo que he ido logrando ha sido consecuencia más que un propósito. No voy por ningún laurel, yo simplemente hago música. Los premios que he recibido, que no han sido pocos, han sido la consecuencia de una causa que no es buscar premios. Quiero seguir tocando por mucho tiempo.