El crecimiento de la comunidad del tejido, una actividad artesanal fascinante, ha permitido direccionar a las personas que se encontraban sin rumbo económico por la pandemia. “Tenemos el caso de una clienta, que luego de trabajar 15 años en una aerolínea, ha generado su propia comunidad de tejedoras, a quienes les distribuye nuestros productos. Otro caso es de una mujer, que se vio obligada a dejar su trabajo para acompañar a sus hijos en la educación en casa, y que ahora se dedica a la distribución de nuestra marca con la que hoy atiende su propio negocio, haciendo lo que más le gusta, tejer”, explica Hernani.