Por Rocco Zetola, CEO de Negocios Agroindustriales del Grupo Romero
La agroindustria peruana vive un momento decisivo. Tras cerrar 2024 con alrededor de US$12.8 mil millones en agroexportaciones, el país confirma nuevamente el enorme dinamismo de un sector que ya es el segundo motor exportador del Perú. Sin embargo, la verdadera pregunta no es cuánto más podemos crecer en volumen, sino cómo vamos a crecer en un contexto global donde los mercados están redefiniendo qué significa ser competitivo.
Durante las últimas dos décadas, el modelo agroexportador peruano se construyó sobre eficiencia, ampliación de frontera agrícola, estabilidad del marco legal y especialización en productos de alto valor. Ese ciclo fue exitoso, pero la presión sobre los recursos hídricos es cada vez mayor, los eventos climáticos son más frecuentes y los consumidores internacionales ya no miran solo la calidad del producto. Hoy exigen sostenibilidad, trazabilidad y cadenas productivas libres de deforestación y socialmente responsables. La agroindustria del futuro ya no es solo productiva; es responsable y resiliente.
En este nuevo escenario, la sostenibilidad se hace indispensable. No habrá crecimiento posible si no incorporamos a la agricultura eficiencia energética y responsable. Debemos asumir que la competitividad no es solo ambiental: también es social. El desarrollo de comunidades, la generación de empleo, la capacitación continua y la creación de oportunidades para jóvenes y mujeres son condiciones indispensables para construir cadenas de valor inclusivas y sostenibles.
A esta transición se suma la revolución tecnológica, que será el mayor multiplicador de productividad para el país. La inteligencia artificial permitirá producir más con menos, reducir desperdicios, mejorar la predictibilidad y acortar brechas entre grandes y pequeños productores. Integrar la tecnología en nuestra cadena productiva será esencial para mantener competitividad y cumplir con las exigencias de mercados cada vez más técnicos.
Pero incluso la sostenibilidad y la tecnología serán insuficientes si no adoptamos una mentalidad verdaderamente global. La competencia hoy no es solo por acceder a más países, sino por posicionarnos como un socio confiable, transparente y de largo plazo. Exportar ya no es vender un producto: es vender confianza. Ello implica anticipar las barreras técnicas, diversificar destinos, participar en estándares internacionales y fortalecer nuestra institucionalidad sectorial.
El Perú tiene una oportunidad única para liderar esta nueva etapa global del agro. Tenemos el talento, la diversidad climática, el conocimiento y la experiencia empresarial para convertirnos en un referente mundial de agroindustria sostenible. Pero debemos asumir que el futuro del sector no se jugará en la ampliación de hectáreas, sino en la capacidad de adoptar modelos responsables, tecnología de punta y estrategias de internacionalización.
Si alineamos estos tres pilares: sostenibilidad, digitalización y visión global, y, si fortalecemos cadenas productivas sostenibles e inclusivas, podremos mantener la competitividad y transformarla en una ventaja que beneficie al país y consolide un nuevo estándar para la agroindustria latinoamericana.
La próxima revolución del agro peruano será sostenible, digital y global. Y si la construimos con visión, será también la más próspera de nuestra historia.