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Lo que pudimos, lo que podemos

Si algo nos han enseñado las sucesivas crisis que hemos enfrentado en los últimos años es el espíritu resiliente del peruano, que ha demostrado una y otra vez todo lo que puede lograr. 

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Fecha actualización:
29/07/2025 - 06:50
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Por Gianfranco Ferrari, CEO de Credicorp, miembro de EsHoy

La política peruana es todo menos perfecta. De hecho, con más de cuarenta partidos en capacidad de competir en los próximos comicios y un 62% de jóvenes poco o nada interesados en la política (según Datum), pareciera que el coctel perfecto para el desastre electoral de 2026 ya está mezclado, servido y a medio tomar. A eso se suma el antecedente reciente de haber tenido seis presidentes y tres congresos distintos en menos de una década, y la dura realidad de que todos los mandatarios elegidos desde el año 2000 enfrentan –o han enfrentado– procesos por corrupción.

Con ese cuadro, puede resultar difícil no ser pesimista sobre lo que pueda venir a partir del próximo año. Pero si algo nos han enseñado las sucesivas crisis que hemos enfrentado es que nuestra democracia, nuestra economía y, sobre todo, los peruanos, somos mucho más resilientes de lo que a veces reconocemos. Y aunque la rutina política y la conducta de nuestras autoridades no siempre lo reflejen, esta fortaleza se sostiene en una vocación persistente por el desarrollo y en una defensa instintiva –aunque a veces dispersa– de nuestras libertades. A pesar de los obstáculos que hemos encarado en el camino.

Lo vemos en múltiples frentes. En términos macroeconómicos, por ejemplo, el Perú ha mostrado una estabilidad notable, incluso cuando otros países de la región han demostrado debilidades. El Banco Central de Reserva (BCR) se mantiene como un ancla de estabilidad en medio de la incertidumbre, y su conducción técnica ha protegido el valor de nuestra moneda frente a desafíos que, hasta hace no mucho, solo se veían en los libros de texto, como las vacancias presidenciales, la disolución del Congreso y una pandemia. Incluso, en 2025 hemos cumplido 28 años de inflación en un solo dígito, mérito absoluto de un BCR que se desempeña con discreción, pero con suma efectividad, mientras prueba que tenemos la capacidad de construir y preservar institucionalidad autónoma más allá de los colores e intenciones del Ejecutivo y Legislativo de turno.

Por otro lado, nuestra capacidad de aprovechar nuestros recursos naturales y el potencial de nuestro ecosistema también es una muestra nítida de cómo podemos lograr resultados impensados a punta de innovación e ingenio, y sin que la coyuntura ni los pronósticos en contra nos detengan. El caso del arándano peruano es paradigmático: hace poco más de una década no exportábamos ni un kilo de este producto, y parecía improbable que pudiese crecer masivamente en nuestro país por las condiciones que demanda. Hoy, gracias al trabajo arduo de nuestras empresas agroexportadoras, que supieron empuñar la ciencia, la tecnología y nuestra tierra a nuestro favor, somos el primer exportador del mundo de esta baya.

Y esto último viene con otra lección clave: si hemos podido lograr la excelencia en terrenos nuevos (hasta hace poco), no hay límite a lo que podemos hacer con lo que conocemos y tenemos en abundancia. Es el caso de la minería y, sobre todo, del cobre, un metal esencial para el desarrollo de tecnología y energía limpia. El Perú ya es el segundo productor mundial, detrás de Chile, y tenemos bajo nuestros pies el potencial de pasar a ocupar el primer lugar. Un proceso que exige, por supuesto, el compromiso de nuestras autoridades, pero que pone en nuestras manos la posibilidad de generar empleo, reducir la pobreza y apuntalar el desarrollo del país.

En los últimos años, el sector privado también ha logrado avances en áreas en las que antes no se habían conseguido. El caso de Yape lo demuestra: más de cinco millones de peruanos que antes estaban fuera del sistema financiero hoy pueden ahorrar, pagar, transferir dinero y acceder a créditos desde su teléfono, gracias a una herramienta tecnológica que supo acercarse a los usuarios en lugar de esperar que ellos se acerquen. Pero ejemplos sobran, como el de la masificación del gas natural, que ha llevado energía más limpia y económica a miles de hogares, o el auge del comercio electrónico, que en menos de una década ha consolidado una red logística capaz de entregar productos en cuestión de horas, conectando a pequeños negocios con clientes de todo el país y haciendo accesible lo que antes era impensable fuera de las grandes ciudades.

En el terreno político, ya lo hemos reconocido, tenemos mucho por trabajar y mejorar, pero también es cierto que nuestra democracia, y nuestra defensa de ella, han resistido muchas tempestades en la última década. Una expresión palmaria de que las bases de nuestras instituciones funcionan cuando son puestas a prueba. Aunque hemos tenido seis presidentes desde 2016, el procedimiento para reemplazarlos nunca ha estado en duda y se ha desarrollado sin sobresaltos. Incluso cuando un mandatario quiso romper el orden constitucional, la resistencia de nuestras Fuerzas Armadas permitió que se lidiase con la situación con efectividad. Al mismo tiempo, la ciudadanía se ha mantenido activa y atenta cuando la situación lo ha exigido.

Así las cosas, solo queda decir que nuestra resiliencia no es solo una muestra de lo que podemos resistir, o de lo que podemos lograr muchas veces a pesar de las circunstancias. Es una prueba de que tenemos la fortaleza para hacer grandes cosas, para marcar el rumbo que queremos seguir y para continuar creciendo en beneficio de todos los peruanos. Tenemos las herramientas, los recursos y el talento.

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