Al igual que otros bancos centrales, el Banco de Inglaterra ha estado elevando agresivamente las tasas de interés durante los últimos 18 meses a 4.5% —un máximo en 15 años— después de que la inflación se disparara bruscamente, primero debido a los efectos económicos de la pandemia del coronavirus y luego por la invasión rusa a Ucrania, que hizo subir los precios de la energía y los alimentos.