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ENFOQUE ECONÓMICO

Exportar no basta: la advertencia de la Universidad de Harvard sobre el comercio del Perú

Índice de dicha casa de estudios sugiere que sin diversificación ni innovación, el crecimiento se vuelve frágil y dependiente de los precios internacionales, según informe Ronin-Perú21.

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El desafío para el Perú es grande, pero también es una oportunidad para repensar su modelo de inserción en la economía global, sostuvo el economista jefe de Ronin, Isaac Foinquinos.
Fecha actualización:
02/03/2026 - 10:07
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Por Ronin

El Índice de Complejidad Económica (ICE) publicado por el Growth Lab de la Universidad de Harvard es un indicador que mide la capacidad de una economía para generar y exportar productos sofisticados, intensivos en conocimiento y tecnología. En este contexto, la complejidad es un atributo positivo: el índice será mayor cuanta más diversidad de bienes ofrezca un país y menor sea el número de naciones capaces de producirlos.

Los estudios de Harvard muestran que el ICE es un buen predictor del crecimiento económico a futuro. Por ejemplo, un país poco desarrollado que exhibe un nivel de complejidad económica mayor a lo esperado para países de similares ingresos tenderá a crecer más alto en el futuro. Además, las investigaciones señalan que el ICE explica una buena parte de las diferencias de ingresos entre los países, incluso mejor que otros indicadores como la calidad de las instituciones, el capital humano o los índices de competitividad.

Según los datos más recientes con información a 2024, el Perú se sitúa en el puesto 102 de 145 países en el ICE, dos posiciones más abajo que hace cinco años (puesto 100 en 2019) y un retroceso de cinco posiciones respecto a hace 10 años (puesto 97 en 2014) (ver gráfico 1). De los principales países de la región, el Perú solo le gana a Ecuador, Bolivia y Venezuela (ver gráfico 2).

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Detrás de este pobre desempeño en el ICE está la baja diversificación y complejidad de las exportaciones peruanas, las cuales se concentran en minerales y productos agrícolas.

Asimismo, de acuerdo con el Atlas de Complejidad Económica del mismo laboratorio, en los últimos 15 años el Perú solo ha incorporado ocho nuevos productos a su canasta exportadora (por ejemplo, los fosfatos de calcio y el aceite de palma), los cuales representan solo el 1% de las exportaciones de 2024. Esto se diferencia de países similares a Perú como Vietnam, que ha incorporado 32 nuevas categorías de productos que han pasado a representar el 15% de sus exportaciones.

La posición del Perú en el ranking de complejidad económica refleja una realidad preocupante: a pesar del buen crecimiento económico de las últimas décadas, Perú no ha logrado transformar su matriz productiva y exportadora, manteniéndose anclado en la extracción de materias primas como el cobre y el oro, con bajo valor agregado y limitada transferencia tecnológica hacia el resto del tejido empresarial.

Potencial en declive

Asimismo, la caída en el ranking sugiere que el país podría estar agotando su potencial de crecimiento sin haber construido las plataformas necesarias para la siguiente etapa de desarrollo.

Las investigaciones del Growth Lab sugieren que los países tienden a diversificar su producción moviéndose hacia productos similares o cercanos en los que pueden aprovechar el conocimiento y las capacidades existentes.

Al respecto, el mismo laboratorio ha calculado un índice que muestra qué tan fácil es que un país diversifique su producción. En este indicador, el Perú se encuentra en el puesto 47 de 145 países. Es decir, muestra una cantidad moderada de oportunidades para complejizar su producción.

Con base en el diagnóstico anterior, el Growth Lab recomienda que el Perú adopte una estrategia de “política industrial parsimoniosa”.

En lugar de ambiciosos planes industriales donde se escoge desde arriba a los sectores ganadores y donde se da grandes saltos a productos lejanos, el enfoque recomendado se centra en intervenciones mínimas pero eficientes que eliminen los cuellos de botella en actividades existentes, para que el emprendimiento y el autodescubrimiento ocurran de forma natural, facilitando esos pequeños saltos hacia productos cercanos.

La estrategia propuesta implicaría invertir decididamente en capital humano de calidad, en infraestructura logística y digital, y en un sistema de innovación que conecte la investigación científica con las necesidades del sector productivo, pero haciéndolo de manera focalizada y en respuesta a las demandas reales del tejido empresarial. 

Perú debe diversificar su economía

El economista jefe de Ronin, Isaac Foinquinos, señaló que el país enfrenta el gran desafío de superar la dependencia de las materias primas para lograr un desarrollo más inclusivo. Según el experto, es vital que el Estado actúe como facilitador de nuevos sectores dinámicos, eliminando cuellos de botella y proveyendo bienes públicos sin distorsiones.

Foinquinos enfatiza que la clave reside en transitar hacia productos y servicios intensivos en conocimiento. Al mejorar su complejidad económica, Perú no solo será más resiliente ante los vaivenes externos, sino que basará su bienestar en la inteligencia colectiva y la colaboración descentralizada, sentando las bases de un crecimiento sostenible a largo plazo.

 

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