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El riesgo de la salud  en la economía del hogar  

"Hablar de planificación financiera sin considerar la salud es, en la práctica, hablar de un plan incompleto", destacó Marco Heredia, Gerente de Convenios y Auditoría de Pacífico Salud

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"Una emergencia médica puede desordenar, en pocos días, años de esfuerzo financiero", manifestó Heredia. (IMAGEN: CHATGPT).
Fecha actualización:
29/06/2026 - 06:25
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Por Marco Heredia, Gerente de Convenios y Auditoría de Pacífico Salud

Cuando una familia piensa en su futuro, suele priorizar metas tangibles como la educación de los hijos, una vivienda o el ahorro. Sin embargo, hay un componente transversal que muchas veces se posterga: la salud. No porque no sea relevante, sino porque suele darse por sentada, hasta que deja de estarlo.

Esta postergación también se refleja en la conducta. En el primer trimestre, en el país solo el 38.1% de quienes tuvieron un problema de salud acudió a un establecimiento de salud. Y entre quienes sí lo hicieron, un 14.7% recurrió a farmacias o boticas. Más allá de las razones, tiempo, costos o fricción, el resultado es claro: cuando la atención se posterga o es parcial, el problema tiende a reaparecer.

Una emergencia médica puede desordenar, en pocos días, años de esfuerzo financiero. Hospitalizaciones, tratamientos prolongados o controles frecuentes implican gastos difíciles de asumir sin respaldo. A ello se suma un costo menos visible: la interrupción de la vida laboral. Una enfermedad puede significar licencias prolongadas, menor ingreso o incluso la pérdida del trabajo. Por eso, hablar de planificación financiera sin considerar la salud es, en la práctica, hablar de un plan incompleto.

Contar con respaldo frente a la enfermedad no es solo un recurso para situaciones extremas. Su principal aporte es la previsibilidad: permite gestionar en el tiempo un riesgo que, de otro modo, impactaría de golpe el presupuesto familiar. Esa previsibilidad facilita decisiones financieras más ordenadas y reduce la exposición a imprevistos.

La prevención también es clave. Controles oportunos y diagnósticos tempranos disminuyen la probabilidad de interrupciones prolongadas en la actividad laboral. En hogares que dependen de pocos ingresos, prevenir es también proteger estabilidad.

Las necesidades de salud cambian con el tiempo: desde atenciones ambulatorias en etapas iniciales hasta mayor énfasis en prevención o manejo de condiciones crónicas en etapas posteriores. La planificación financiera es dinámica, y la salud debe acompañar esa evolución. A nivel del sistema, esta exposición sigue siendo relevante. Según la OCDE, en 2022 los pagos directos representaron el 27% del gasto en salud en Perú. Esto recuerda que, incluso con avances en cobertura, las familias continúan expuestas a costos no siempre previsibles.

Finalmente, hay un factor menos visible: la tranquilidad. Tener la salud protegida permite tomar decisiones con mayor claridad. No se trata solo de números, sino de continuidad y estabilidad. Planificar las finanzas es planificar la vida. Y planificar la vida implica, necesariamente, cuidar la salud. Porque al hacerlo, también se protege el futuro.

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