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ENTREVISTA A DIEGO MACERA, DIRECTOR DEL INSTITUTO PERUANO DE ECONOMÍA (IPE)

Instituto Peruano de Economía: “El Presupuesto de 2026 debería tener proyecciones realistas”

Diego Macera indicó que viene siendo hora de que las autoridades intenten dejar de gastar tanto sin ofrecer resultados.

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Macera afirmo que hay que empezar a cambiar la mirada hacia la provisión del servicio al ciudadano. Dijo que si vamos a felicitar alcaldes por contratar gente para cavar huecos y luego taparlos, estamos mal. (FOTO: PERÚ21)
Fecha actualización:
11/08/2025 - 08:56
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El director del Instituto Peruano de Economía (IPE) afirmó que, entre una descentralización mal diseñada y un reparto injusto del canon, el presupuesto 2026 debería evitar proyecciones fiscales al límite.

Este mes se presentará el proyecto de presupuesto para el 2026. Sin embargo, ¿seguimos con el problema de baja ejecución…?

Existe un problema evidente en la capacidad de ejecución de obras públicas de las entidades del Estado, pero yo trataría de no leer solamente el porcentaje de ejecución. Hay que empezar a cambiar la mirada hacia la provisión del servicio al ciudadano. Quizá un alcalde o gobernador ejecutó menos que otro en términos de su presupuesto, pero consiguió mejores resultados, terminó una obra que estaba parada hace años, cerró una brecha grande, etcétera. Si vamos a felicitar alcaldes por contratar gente para cavar huecos y luego taparlos, estamos mal.

Cada año se pide más dinero, pero, de acuerdo con Capeco, en 15 años no se han ejecutado más de US$60,000 millones. ¿A qué se debe?

Los problemas son varios. Una parte de la responsabilidad le corresponde a una Contraloría que, en ocasiones, excede sus fueros y desincentiva avances más eficientes. Otra parte es de licitaciones mal hechas, que demoran años, y luego se caen por impugnaciones o se otorgan a malos contratistas. Vinculado a eso, tienes un asunto estructural: expedientes técnicos deficientes. El ridículo retraso de más de 10 años del puente Santa Rosa para acceder al nuevo aeropuerto de Lima, de solo 62 metros, tiene su origen ahí. También tienes fallas en saneamiento y adquisición de terrenos para obras grandes, que en causas judiciales puede retrasar muchísimo. Finalmente, recordemos que la mayor parte de la obra pública le corresponde a las municipalidades y gobiernos regionales, y con unos 2,000 alcaldes es imposible tener equipos técnicos de calidad en cada pequeño rincón del país. Y, por supuesto, la corrupción.

¿Cómo podríamos hacer para que se ejecuten los recursos otorgados?

Si tuviera que elegir algo para mejorar la situación y que sea políticamente viable, probablemente empezaría por estandarizar la calidad de los expedientes técnicos y tener un control más eficiente sobre las empresas que postulan. No debería ser tan difícil. Pero la madre del cordero es la descentralización mal hecha.

También tenemos el problema de ineficiencia de los proyectos. ¿No hay un control oportuno de estas obras?

Cuando el proyecto empieza, se vende el oro y moro a bajo costo. Luego, uno va viendo que eso es imposible, que el costeo está mal, que por esa montaña no se puede pasar, que el agua no tenía la calidad esperada, etcétera, y todo se cae. Pero para entonces ya es bien tarde. Se requiere estandarizar y centralizar proyectos de envergadura. Lo ideal sería tener pocos proyectos grandes, bien hechos y cuantificados, empaquetados, vía APP, y que sean atractivos para grandes postores nacionales e internacionales. Adjudicar, por ejemplo, no el cierre de la brecha de saneamiento en tal o cual centro poblado, sino en todo el departamento de Ayacucho y de Apurímac. Pero, ojo, no se puede hacer todo a la vez; ahí necesitamos una mirada realista fiscal.

Hemos visto que hay regiones y zonas que son pobres, pero tienen recursos y no los invierten. Si invirtieran ese dinero, ¿el desarrollo sería mejor?

Sí, obviamente. Tienes zonas adyacentes a proyectos mineros o de hidrocarburos muy grandes, y que tienen cantidades absurdas de recursos por habitante. Y, sin embargo, no tienen agua ni acceso adecuado a salud ni educación. Ahí hay dos cuestiones pendientes. Lo primero es garantizar que esos recursos se utilicen solo en el cierre de brechas más graves (en eso se ha avanzado algo); y lo segundo es, me parece, que hay que replantear la distribución de canon y regalías, siquiera parcialmente. Es muy injusta con las comunidades más pobres, que no tienen recursos naturales cercanos, y en realidad a estas se deberían destinar los recursos del Estado, llamémosles canon, regalías, IGV o lo que quieran. Ello es evidente, pero políticamente es una papa caliente que nadie quiere ni rozar.

Los presupuestos previos a elecciones suelen diferenciarse de los otros años. ¿Hay que estar atentos a lo que se introduce?

Este es un presupuesto especial porque, además, retomamos la práctica —saludable— de reelección de congresistas. Eso puede generar presiones adicionales. Lo ideal sería que el nuevo presupuesto no venga, de nuevo, con proyecciones al límite de la regla fiscal, porque muy probablemente pasará lo de los últimos años, que la incumplimos. La regla no es la sugerencia de déficit para el año, es el máximo permisible, y no deberíamos planear estar siempre ahí.

¿Qué porcentaje del presupuesto va para planillas? ¿Esto por qué ha crecido con los años?

Si sumamos gasto en personal, pensiones y obligaciones sociales, este año se gastaría poco más de S/100,000 millones. Es casi 40% del presupuesto público. Eso no necesariamente está mal de por sí, pero sí deberíamos exigir conocer qué hemos comprado los ciudadanos —en términos de servicios públicos— con un presupuesto público que ha subido de S/153,000 millones a S/267,000 millones en 10 años. ¿Hay mucho mejor salud? ¿Educación? ¿Seguridad? ¿En qué hemos gastado esa plata? Y sí, en general, el presupuesto menos flexible, como el gasto en planillas, ha venido creciendo, y eso es preocupante porque luego —en épocas de vacas flacas que inevitablemente llegarán— no hay cómo ajustarse el cinturón.

Tomando en cuenta que este año tendremos incumplimiento de la regla fiscal, ¿cómo debería distribuirse el presupuesto de 2026?

El Gobierno todavía espera cumplir la meta de 2.2% del PBI en déficit este año. Yo lo veo difícil, pero por lo menos planean cumplir, que es una mejora respecto de lo que tenían pensado hace unas seis semanas. El presupuesto de 2026 debería tener proyecciones de ingresos realistas y no jugar al límite del gasto. A fin de este mes, el MEF revelará sus proyecciones oficiales, pero ya viene siendo hora de que por lo menos intentemos dejar de gastar tanto sin ofrecer nada a cambio.   

 

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