PUBLICIDAD

Ver antes de jugar

“El talento puede ser chispa, pero sin observación se extingue. En cambio, la mirada atenta construye un fuego que dura más allá de las modas y de los rivales”. 

Imagen
sd
(Foto: IDEOGRAM/ PERÚ21)
Fecha actualización:
21/09/2025 - 07:00
Escucha esta nota

Hay niños que aprenden a jugar al fútbol antes de tocar un balón. Son los que se sientan frente al televisor o en la tribuna y observan con la paciencia de un estudiante. Siguen los movimientos, anticipan las jugadas, reconocen patrones invisibles para la mayoría. Otros, en cambio, confían solo en su talento natural: la gambeta rápida, la fuerza innata, la intuición para aparecer en el lugar exacto. Durante un tiempo, parecen imparables. Pero el fútbol, tarde o temprano, exige más que destreza: demanda comprensión.

Un entrenador argentino solía repetir que “el que no ve, no entiende; y el que no entiende, no crece”. En esa frase está la clave de la diferencia entre dos historias comunes en cualquier cantera. El primero, el niño curioso que consumía partidos como si fueran manuales secretos, transformó su admiración en conocimiento. Se equivocaba menos porque ya había visto ese error en otro. Tomaba mejores decisiones porque había aprendido que el pase, a veces, pesa más que la gambeta.

El segundo, el niño talentoso pero distraído, confiaba en que su magia alcanzaría para siempre. No se sentaba a mirar fútbol, no le interesaba analizar, apenas celebraba sus propios goles. Durante los primeros años brilló, pero con el tiempo sus rivales aprendieron a anticiparlo, sus virtudes dejaron de ser sorpresa, y su talento, sin la compañía del entendimiento, se fue apagando.

El fútbol enseña que ver también es entrenar. No es casual que algunos de los grandes estrategas del juego —desde Pep Guardiola hasta Juan Román Riquelme— hayan sido futbolistas obsesivos con mirar partidos, leer movimientos y detenerse en detalles. “El secreto está en observar”, dijo alguna vez Marcelo Bielsa, resumiendo una lección que trasciende la cancha: mirar con atención es la primera forma de aprender.

Consumir fútbol no significa solo disfrutarlo. Para un niño que sueña con ser futbolista, también es abrir un cuaderno de apuntes invisible, donde cada jugada enseña. Ese hábito convierte el talento en inteligencia de juego, y la inteligencia, combinada con disciplina, es la que finalmente sostiene una carrera.

El destino de esos dos niños recuerda que el talento puede ser chispa, pero sin observación se extingue. En cambio, la mirada atenta construye un fuego que dura más allá de las modas y de los rivales. Porque al final, jugar bien al fútbol es, sobre todo, saber mirarlo.

TAGS RELACIONADOS
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD