“Me acuerdo que el técnico de Chile decía: “Vámonos, vámonos”; el kinesiólogo entró con un maletín negro, lo dejó en el piso, se arrodilló junto al arquero que misteriosamente apareció sangrando en una ceja. Pichi Loustau –el árbitro argentino– me preguntó por lo bajo: ¿viste algo extraño?; todo es extraño aquí, le respondí. Después se produjo el caos: Dunga, Branco, Careca y Aldair les querían pegar a todos, Silas separaba, los chilenos Astengo, Letelier, Yañez, Ivo Basay y el técnico Aravena se empezaron a ir hacia los vestuarios. Al final Loustau cuando vio que era en serio que los chilenos se retiraban del campo, dio por terminado el partido”, continúa.