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La violencia va ganando por goleada en la Copa Sudamericana 2025

Ante semejantes hechos, cualquier ser humano con dos dedos de frente habría apostado a que la reacción de las autoridades deportivas iba a ser rápida, eficaz.

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Alianza Lima vs U de Chile
Fecha actualización:
07/09/2025 - 11:59
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El partido de vuelta entre Independiente de Avellaneda y la Universidad de Chile por los octavos de final de la Copa Sudamericana fue suspendido por una escalada de violencia que avergüenza, aunque no sorprende (pues no es cosa nueva) al deporte.

Desde el inicio, un grupo de ‘hinchas’ chilenos, ubicados en la tribuna superior del estadio Libertadores de América, comenzó a arrojar objetos contundentes —los relatos de los agraviados indican que les tiraban de todo, desde basura y bolsas llenas de orina hasta pedazos de los sanitarios, rotos previamente por los vándalos— sobre los simpatizantes locales. La situación se tornó insostenible cuando lanzaron una bomba de estruendo, la cual cayó en un sector donde se ubicaban familias.

La conducta de estos desadaptados llevó, obviamente, a la suspensión del partido y se procedió a desalojar la tribuna visitante. Sin embargo, este era solo el comienzo.

Durante el entretiempo, barrabravas de Independiente irrumpieron en la tribuna visitante, en la cual quedaba aún un reducido (no más de 20 personas) grupo de aficionados. Aparentemente, se trataba de los más tranquilos, de buenos hinchas que habían coincidido en el mismo lugar con criminales, y ahora estaban a punto de ser atacados por los delincuentes del equipo contrario.

La turba del ‘rojo’, que solo tuvo que derribar una puerta en su camino para vulnerar accesos ausentes de policías o seguridad alguna, masacró brutalmente al indefenso grupo de chilenos, conformado en parte por menores de edad, quienes tampoco se salvaron del salvajismo. Hubo golpizas, robos de ropa, agresiones con palos, cuchillas y otros objetos cortantes. Dos personas saltaron al vacío para escapar del linchamiento, dejando para la posteridad algunas de las imágenes más escalofriantes del deporte moderno.

El partido —que venía siendo ganado por la ‘U’ en el global— quedó relegado a un segundo plano. Perdió el fútbol y ganó la barbarie. El saldo fue alarmante: 19 heridos, 2 en estado grave y más de 100 detenidos; de más está decir que el hecho de que nadie haya muerto aquella noche fue algo cercano a un milagro.

 

Sanción que no castiga

Ante semejantes hechos, cualquier ser humano con dos dedos de frente habría apostado a que la reacción de las autoridades deportivas iba a ser rápida, eficaz. Sin embargo, tratándose de Conmebol —que, curiosamente, se maneja en más de un sentido de forma muy similar a la Federación Peruana de Fútbol— cualquier cosa podría pasar.

No obstante, con el reciente antecedente de un hincha fallecido en el estadio de Colo-Colo en un partido de Copa Libertadores, y en medio de una pública campaña en contra de la violencia en espectáculos deportivos, se esperaba que, esta vez, la sanción para ambos clubes fuera ejemplar. Lamentable, pero no sorpresivamente, Conmebol volvió a decepcionar: Ambos equipos tendrán que pagar multas que rondan los 250,000 dólares y estarán impedidos de albergar y llevar hinchas en sus próximos siete partidos como locales y visitantes en competiciones internacionales; asimismo, se dispuso que la Universidad de Chile avance a los cuartos de final de la Sudamericana.

El castigo implica pérdidas millonarias para ambos equipos, eso está claro; pero dada la brutalidad de aquella noche nefasta en Avellaneda, todo el mundo del fútbol esperaba una pena más drástica. Y es que, en estos tiempos en los que la estupidez, el odio y la competitividad tóxica de muchos hinchas ha sido potenciada a niveles nunca antes vistos por las redes sociales, resulta muy difícil creer que unos partidos a estadio vacío —por más que sean siete, diez o quince— estén cerca de solucionar el problema. Más aún si los mismos clubes han comenzado a comportarse como hinchas a modo de política institucional.

Por ejemplo, tras lo ocurrido, la postura del presidente de Independiente, Néstor Grindetti, fue absolutamente vergonzosa. Al día siguiente, el argentino ya se encontraba en Paraguay (donde se ubica la sede de Conmebol) solicitando, junto a una jauría de abogados, la victoria en mesa de su equipo y absolución total de cualquier cargo o sanción. Una cosa es defender los intereses de una institución, pero, justamente, hay veces en que ello implica, por amor al club y su historia, reconocer cuando las cosas se hacen mal y asumir responsabilidades.

Ahora, si los clubes no toman cartas en el asunto, es el clarísimo deber de las autoridades rediseñar las sanciones contra la violencia. Desde aquí, se pone sobre la mesa la posibilidad de que los castigos trasciendan lo económico y alcancen lo deportivo. Era lógico que uno de los dos equipos involucrados continuara en la Copa, ya que eliminar a ambos desvirtuaría toda la competencia. Sin embargo, tanto Independiente como la ‘U’ deberían estar vetados por un tiempo de torneos internacionales. De tal forma, la posición del supuesto hincha que piensa que puede agredir con impunidad será otra cuando el equipo que tanto dice amar no pueda jugar la Libertadores o la Sudamericana; tendría que vérselas, en todo caso, con su club y su gente.

Es momento de replantear, porque los hinchas de bien, amantes de su escudo y este, el deporte más bonito del mundo, estamos perdiendo el partido contra la violencia por goleada. 

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