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Haaland no pide permiso

"Lo extraordinario de Haaland no son únicamente sus goles. Es la manera en que desafía el molde del futbolista contemporáneo."

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haaland
Fecha actualización:
05/07/2026 - 18:58
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Hay futbolistas que representan una época y otros la replantean. Erling Haaland pertenece a la segunda categoría. Hoy, junto a Martin Ødegaard, el arquero Ørjan Nyland y ocho obreros más, Noruega dejó fuera a Brasil y sin trabajo a Carlo Ancelotti. 

El pentacampeón regresó a casa con la sensación de haber desperdiciado sus oportunidades. Si bien el último futbolista brasileño que falló un penal mundialista fue Zico hace 40 años, la historia pudo haber sido distinta si Bruno Guimarães lo convertía o si Casemiro elegía asistir a Vinícius en lugar de rematar. Pero el fútbol no se escribe con hipótesis. Se escribe con los futbolistas que aparecen cuando el partido lo exige . Y Haaland apareció.

Le bastaron un cabezazo y un remate esquinado para sentenciar la clasificación. Gabriel Magalhães, encargado de perseguirlo durante noventa minutos, seguramente tardará mucho en olvidar esa noche. Él y millones de brasileños.

Lo extraordinario de Haaland no son únicamente sus goles. Es la manera en que desafía el molde del futbolista contemporáneo. En una industria que ha convertido al jugador en una marca personal, el noruego parece vivir al margen de esas reglas. No seduce desde la estética ni desde la construcción de un personaje. No necesita convertirse en tendencia para justificar su dimensión. Su fútbol persigue una sola cosa: la eficacia.

Pivotea, fija centrales, ataca el espacio con una potencia descomunal y define con una naturalidad que intimida. Cada movimiento tiene un propósito. No hay gestos para la tribuna ni acciones que alimenten un relato. Mientras otros construyen una imagen, él construye ventajas.

Haaland devuelve la conversación al lugar donde siempre se resolvió este deporte: el impacto. No juega para ser admirado. Juega para imponerse. Y esa forma de entender el fútbol también explica el liderazgo que ejerce en la selección noruega. Participa en los rituales del equipo, acata las decisiones de su técnico Ståle Solbakken y asume la responsabilidad sin convertirla en espectáculo. Su liderazgo nace del ejemplo y no del discurso.

Hace cuarenta años Carlos Bilardo construyó una selección alrededor de Diego Maradona y terminó levantando la Copa del Mundo. Décadas después, Lionel Scaloni edificó una estructura que potenció a Lionel Messi y obtuvo el mismo resultado. No es una idea nueva: cuando aparece un futbolista extraordinario, los grandes entrenadores entienden que el sistema debe ayudar a que ese talento decida los partidos.

La pregunta ahora es si Noruega recorrerá ese mismo camino. Si aceptará que hay jugadores capaces de cambiar el destino de una selección y que, en ocasiones, el mejor plan consiste en potenciar al diferente.

Porque Haaland no parece dispuesto a adaptarse al fútbol moderno. Da la impresión de que será el fútbol moderno el que tendrá que encontrar la manera de adaptarse a él.

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