Cuando el Perú contaba con futbolistas de élite en la década de 1980, resultaba impensable organizar partidos amistosos ante Canadá. Y aunque José Velásquez, quizá el mejor volante central que ha vestido la camiseta de la selección, jugó en los Blizzard de ese país, nadie consideraba a la selección canadiense como un rival de verdadero peso deportivo. Hoy el panorama es completamente distinto.
Hace dieciséis años, Sergio Markarián debutó como entrenador de la selección peruana precisamente ante Canadá. En aquella ocasión, el equipo nacional ganó 2-0 en el BMO Field de Toronto, con goles de José Carlos Fernández y Jean Tragodara.
Argentina jugó la final más sucia de la historia moderna del fútbol. Los números son contundentes: cero remates al arco en 90 minutos, 24 faltas, cinco tarjetas amarillas, una expulsión y una pelea al finalizar el partido. Un registro impropio de un campeón del mundo.
Markarián alineó, entre otros, a Santiago Acasiete, que jugaba en el Almería de España; a Juan Manuel Vargas, titular por la banda izquierda de la Fiorentina; y a Jefferson Farfán, figura del Schalke 04 de Alemania. También estuvo Reimond Manco, quien había regresado de Holanda después de que el PSV Eindhoven lo cediera al Juan Aurich hasta el final de la temporada 2009-2010. Sin embargo, en lugar de consolidarse, el enorme talento de Manco terminó diluyéndose por razones que ya no vale la pena recordar.
Esas fueron las figuras elegidas por Markarián para su estreno. Más adelante se sumaron Alberto Rodríguez, Rinaldo Cruzado, Carlos Lobatón, Claudio Pizarro, Paolo Guerrero, André Carrillo y Raúl Ruidíaz. ¿Tuvo éxito? Su mejor resultado fue el tercer puesto en la Copa América de 2011. Después pasó a engrosar la larga lista de fracasos de la selección en las eliminatorias mundialistas. Fiel a su estilo, se marchó por la puerta falsa.
En 2010, Canadá tenía algunos jugadores repartidos entre la Bundesliga, la Primera División de España, Holanda y Turquía. Dieciséis años después cuenta con futbolistas en Alemania, Italia, España, Inglaterra, Francia, Portugal, Bélgica y Escocia. Disputó los dos últimos mundiales, mientras el Perú atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente: incapacidad dirigencial, ausencia de un proyecto serio en divisiones menores y una preocupante falta de ética en distintos niveles del fútbol.
Fuimos últimos en las eliminatorias, últimos en torneos juveniles, no tenemos equipos que compitan en las fases decisivas de la Copa Libertadores y terminamos jugando la Sudamericana de rebote. A eso se suma una Liga 1 que incorpora extranjeros mayores de 40 años o procedentes de campeonatos de nivel amateur. Esa es nuestra realidad.
La selección que hoy dirige Mano Menezes tampoco cuenta con futbolistas en las grandes ligas europeas. Wilder Cartagena juega en la MLS y Kenji Cabrera lo hace precisamente en Canadá. Pedro Gallese ataja en el Deportivo Cali y ya es mencionado como posible refuerzo de Alianza Lima. Jesús Pretell firmó por LDU de Quito; Marcos López destaca en el FC Copenhague de Dinamarca; Oliver Sonne pertenece al Sparta Praga de la República Checa; Joao Grimaldo también milita en ese club; Alfonso Barco juega en el HNK Rijeka de Croacia; y Fabio Gruber forma parte del Mainz 05 alemán. La diferencia en competencia y nivel respecto de las principales selecciones del continente es evidente.
Los futbolistas peruanos recuperaron parte de su prestigio con Ricardo Gareca. Pero, en lugar de apostar por un técnico que continuara ese proceso, la FPF tomó decisiones equivocadas una tras otra. Los resultados terminan exhibiendo una gestión lamentable.
Mano Menezes es un entrenador con prestigio en Sudamérica: maneja bien el orden táctico, es pragmático y tiene capacidad para construir equipos competitivos. Además, el Mundial de 2030 ofrece un escenario más favorable: participarán 64 selecciones y Argentina, Paraguay y Uruguay serán países organizadores, lo que abre más posibilidades de clasificación.
Lo que Menezes no tiene es una generación de futbolistas capaz de competir al máximo nivel internacional, al menos si se toma como referencia lo visto en el último Mundial. El tiempo puede convertirse en su mejor aliado, y ojalá también lo acompañe la fortuna. En el fútbol peruano, el talento suele aparecer cuando más se lo necesita.