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Sergio Armasgo: "El machismo hace que el afecto se vea como una debilidad"

Interpreta a ‘El hijo’ en la obra teatral Las veces que no (te) dije te quiero en las últimas tres funciones de su segunda temporada.

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Sergio Armasgo protagoniza Las veces que no (te) dije te quiero
Sergio Armasgo eligió el teatro por sobre varias expresiones artísticas para desarrollar su carrera. Foto: Piero Lévano
Fecha actualización:
23/02/2026 - 07:00
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Sergio Armasgo tuvo el apoyo de su familia para ser actor desde el principio. Como un apasionado por toda expresión de arte, no tuvo problemas cuando decidió dedicarse al teatro desde joven, decisión que fue respetada y respaldada por su familia. Sin embargo, sabe que esta libertad no es muy común. Es, por desgracia, algo más bien extraño.

Esta realidad dura es a la que debe adaptarse cuando toma el rol del ‘El hijo’, en la obra de teatro Las veces que no (te) dije te quiero, que concluye con tres funciones esta semana en el Teatro de Lucía, entre hoy y el miércoles. Una historia en la que temas como la soledad, la depresión, el suicidio y las presiones familiares nos llaman a la reflexión.

¿Cómo llega a tus manos el papel de ‘El hijo’?

Renato Piaggio me convocó para poder hacerla. Me comentó que trabajaría con David Carrillo, con quien trabajé en David Copperfield de Charles Dickens, y Carlos Victoria, cuando hicimos Los inocentes de Oswaldo Reynoso. Fueron grandes experiencias y el texto de Mario Zanatta me gustó mucho, porque tiene ese trabajo emocional, un drama con loops, que es un riesgo a la hora de interpretar. Ambos factores fueron importantes para aceptar el papel.

 

La obra es bastante emocional.

He recibido comentarios de cómo a las personas les impacta la temática, la catarsis que hacen sobre el tema de los hogares marcados por el machismo —más en hogares donde no hay una figura materna—, cómo el machismo hace que el afecto o la emoción se vea como una debilidad. La obra critica justamente esto.

 

El tema central es un machismo tóxico.

La obra habla mucho de cómo, lamentablemente, la sociedad se mueve a través de esa carencia emocional, sobre todo en un hogar lleno de hombres. No tendría que ser así, pero nos damos cuenta de que el eje emocional recae muchas veces sobre la mamá. Es impactante cómo se crea esta barrera entre abuelo, padre e hijo; cómo cada uno carga con sus taras, con sus propias mochilas; qué es lo que espera uno del otro, muchas veces imponiéndose en contra de la voluntad del otro.

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Sergio Armasgo
El padre (David Carrillo) y El Hijo (Sergio Armasgo) durante la obra 'Las veces que (no) te dije te quiero'.

 

Hay una complejidad en tu personaje.

Parte de lo que me gusta del papel es cómo, a pesar de la ansiedad que carga, con la cual ha venido al mundo, decide de cierta forma —con las pocas herramientas que tiene— cortar eso. A su modo tala el árbol o trata de hacerlo. No se va en la misma línea que el papá, aunque la presión del abuelo es casi la misma. Los personajes muchas veces evaden expresar lo que sienten. En el caso de la obra, es de cierto modo un mecanismo de defensa ante la vulnerabilidad, de no mostrarse débil. Hay puntos que son emotivos por, paradójicamente, la falta de las emociones entre los personajes.

 

¿Encuentras algo de ‘El hijo’ en Sergio Armasgo?

Agradezco a la vida, a mi familia, que no me tocó vivir una experiencia así. Vengo de un hogar, afortunadamente, bien estructurado. Me apoyaron en toda decisión, desde la elección de carrera. Soy consciente de que hay muchos compañeros que han tenido que lidiar con ello, con sus padres que no querían que ellos fueran actores, o artistas en general. No encuentro un símil con el personaje, pero soy consciente de que es algo recurrente en nuestro medio. Me gusta imaginar esos escenarios para interpretarlos de la mejor manera.

 

Te apoyaron en tu decisión.

Vengo de una familia de artistas frustrados que me apoyaron para ser actor. Mi padre tocaba jazz de joven y terminó siendo ingeniero agrícola. Mi madre era bailarina clásica, con el tiempo mis abuelos le dijeron que se dedique a otra cosa que no sea arte y terminó siendo médica. Me bombardearon de arte, de talleres de dibujo, pintura, música, danza contemporánea, clásica, actuación, de todo. Salvaba mis notas del colegio con el arte, mis pésimas notas en matemáticas, por ejemplo. Ya en el último año de secundaria tenía que elegir entre muchas artes, porque me gustaban varias expresiones.

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Las veces que no te dije te quiero

 

¿Cómo elegiste ser actor específicamente?

Agarré una bolsa y escribí todas las carreras de arte, las chocolateé y dije: “El tercer papel va a ser la carrera que va a definir mi vida”. El primero, con mucho pesar, fue pintura, que es algo que me gusta mucho hacer también; el segundo fue fotografía, y el tercero, actuación. Entonces dije: “Voy a ser actor”, y desde ese momento hasta ahora no me he cansado de ser actor.

 

Del teatro pasaste al cine y luego a la televisión.

Sí, de joven solo hacía teatro. Fui de las personas que, lamentablemente lo reconozco, decía que no iba a hacer ficción, ni tele, ni cine porque sentía que no era mi mundo. Desde mi inmadurez y desconocimiento quizás, pero después, cuando empecé a hacer tele y cine, sentía que lo disfrutaba más. Me siento más como un pez en el agua. La primera temporada de esta obra fue mi regreso al teatro, y en la primera función realmente me sentía nervioso, a pesar del recorrido que tengo ya como actor de teatro. Me pregunté “¿Cómo antes lo tenía normalizado?”. A diferencia de la tele o el cine, en teatro no puedes cortar y repetir una escena hasta que te salga bien. Es un tipo distinto de presión, pues aparte tienes al público enfrente.

 

¿Te inclinas por el género dramático?

Me gustan los dramas. He hecho distintos géneros, como comedias, musicales, pero los dramas me encantan. Creo que es mi favorito tanto en teatro como en tele, lo disfruto mucho.

 

¿Qué vamos a encontrar en el Teatro de Lucía al ver la obra?

Van a encontrar drama, conflictos familiares, machismo, ausencia de decir te quiero, y mucho más. Los animo a consumir teatro nacional.
 

 

Autoficha

“La primera temporada también fue en el Teatro de Lucía. En ese momento era de jueves a domingo y, a pesar de que la gente suele ir a la playa o así, era lleno total, reventaba de gente. Estuvimos en Arequipa también, en el teatro Umbral. Es una obra atemporal”.

“Renato me ofreció el texto escrito por Mario Zanatta, a quien conozco de la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático Guillermo Ugarte Chamorro, de donde ambos somos egresados. Soy selectivo al elegir ciertos temas. Este es uno de los que me gusta abordar”.

“Evadir emociones en lo que dura la obra, función tras función, crea una tensión que hace complejo recrear el papel, el momento en que sientes algo y lo quieres demostrar, pero al mismo tiempo lo evitas para no parecer débil. Es complejo: al final el personaje no lo construye el actor, sino el espectador”.

 

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