Rodrigo Calderón no sabía que un ‘castigo’ por no tener un buen año en el colegio lo haría descubrir su pasión: el teatro. Así, cambió el fútbol por las tablas, una decisión de la cual no se arrepiente. Su carrera lo ha llevado de Lima a Madrid y de Madrid a Nueva York, donde viene desarrollando su carrera.
Rodrigo nos cuenta cómo la interculturalidad abre puertas en uno de los lugares más cosmopolitas del planeta, donde lo nuestro viene haciéndose un espacio gracias a artistas como él. Esta es su historia.
Fundó junto a Daniela Cusi una compañía que logró posicionar el arte nacional en Broadway. Ahora apuntan más alto.
¿Cómo inicias tu carrera?
Siempre tuve la chispa artística, desde niño, cuando imitaba a Michael Jackson en las reuniones familiares, donde incluso contaba chistes a cambio de propinas (risas), pero no lo tomaba en serio, me enfocaba más en el fútbol.
¿Cómo fue ese cambio al arte?
Me sacaron del fútbol porque no me iba tan bien en los estudios, aparte de algunas lesiones. Crecí en un ambiente en el que había jarana criolla. Mis tíos tocaban la guitarra, mi abuelo el cajón, pero todo empírico, aprendieron ellos mismos y era pura cultura. Los veía y me gustaba; entonces, una Navidad pedí una guitarra y me metieron a unas clases de verano y poco a poco me fui alejando del fútbol. Además, veía a otras personas que los llamaban a tocar en otros sitios y por ahí cantaban, así que decidí aprender a cantar también. Fui una especie de Troy Bolton, dejando el fútbol para cantar y bailar, aunque el baile llegó mucho después a mi vida.
¿Cómo llegas al teatro?
Me metieron a un taller de teatro en verano, al cual no quería ir. Casi dejo el canto porque en un talent show de mi colegio se me olvidó la letra a los 30 segundos, delante de cientos de personas, fue terrible. Hice una seña a la banda para que terminara de tocar y pensé en dejar todo. En el verano me inscribieron en un taller al que no quería ir, pero como no había salido bien en mis estudios, tuve que aceptar. Al final eso me cambió la vida.
¿En qué sentido?
Lo que fue una especie de castigo, terminó haciendo que me enamore del teatro. Al año siguiente salió el musical Avenida Larco y me encantó mucho más: cómo se podía contar una historia actuando y cantando temas del rock peruano que me encantaban. Entonces, lo empecé a tomar en serio, dejando ya por completo los deportes. En mi primer taller tuve de profesora a Gisela Ponce de León, una gran experiencia, muy chévere, inteligente y talentosa. Y a partir de ello seguí avanzando, aprendiendo y formándome. Dejó de ser un pasatiempo y empecé a buscar talleres para crecer. Antes de graduarme del colegio en 2016, ya sabía lo que quería hacer con mi vida.
¿Cómo llegas a Nueva York?
Hay mucho antes de llegar a ese punto. Estudié algunos ciclos en la FARES de la Universidad Católica, pero no terminé, me resultaba un poco caro. Mi hermana se había mudado a España y me comentó que había una universidad que costaba 500 euros al año, pero a la cual solo ingresaban catorce. Me preguntó si quería audicionar y, pues, tuve que aprovechar la oportunidad. Fui admitido en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, donde estuve cuatro años. Aprendí muchísimo y me fui con Matrícula de Honor en teatro. Aquí llega la universidad de los americanos, los de The American Musical and Dramatic (AMDA).
Una nueva oportunidad.
Sí, hicieron un workshop con audiciones para gente que está en el último año. No tuve mucho tiempo para prepararme porque fue todo muy rápido, aparte que lo tenía que hacer en inglés. Me llamaron un mes después para decirme que estaba admitido con una beca completa en Nueva York. Ahí mi vida cambió por completo, porque era dejar todo lo que había logrado en España para irme a comenzar de cero en Estados Unidos.
Estuviste en ‘Aguardiente: The Musical’ en Washington, que habla justamente de la migración. ¿Cómo fue la experiencia?
Superhermosa. Normalmente en Broadway los musicales son todos en inglés, pero aquí teníamos salsa, bomba, bolero, currulao, un montón de sonidos latinos con los que contamos una historia, una que podemos pasar todos los que estamos migrando, en un país distinto, fue inspirador. Fue una producción en inglés y español.
Hay una diversidad cultural gracias a la migración.
Sí, vienen de Argentina, Chile, Venezuela, Puerto Rico, de muchos lugares, incluido el Perú. Hay gran presencia latina y todos muy orgullosos de sus raíces, vienen a cumplir sus sueños con el arte en distintas expresiones, todos ellos con talento que muestran en cada paso que dan.
En ese sentido, la migración promueve esta riqueza cultural.
Claro, es un aporte constante de la comunidad latina, le da vida y riqueza a la ciudad. Las culturas se abrazan y se entienden, apoyándose unos a otros y no solo los latinos. Hay comunidades chinas, italianas, griegas. La interculturalidad enriquece, yo lo veo de esa manera.
¿Cómo va creciendo la comunidad peruana?
La diversidad ha abierto muchas puertas en Broadway. Hay más teatro latino, historias peruanas que se están contando aquí. Algo que ocurre es que, muy al contrario de lo que me pasaba en Perú, aquí el color de mi piel es lo que me ha dado muchas más oportunidades. Mi identidad peruana es lo que me da de comer, y eso es lo más hermoso del mundo. Esto me anima a seguir avanzando, aprendiendo, aportando, creciendo.
AUTOFICHA
“En agosto estaré bailando en Bryant Park, en un evento que reúne a distintos actores de Broadway, junto a otros bailarines y cantantes, incluida Brennyn Lark, reconocida por Six the Musical. En Navidad estaré cantando en el Ellen’s Stardust Diner, pasé hace poco las audiciones”.
“Perú no tiene que envidiar el talento de otros lugares, ni siquiera de Nueva York. Obvio que aquí las cosas están más desarrolladas en cuanto a la cultura y el arte, pero el talento que existe en Perú es evidente. Quizá falta inversión en ello, para que se consuma cultura”.
“El teatro para mí es la manera de expresarme, de contar mi vida, mis emociones. La felicidad que me trae bailar es increíble. Siento que empecé tarde con el baile, pero le tengo amor. Al final al arte uno se dedica por amor, no por lógica, porque un día estás arriba y luego abajo”.
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