“El retablo es un arte vivo”, dice Ataucusi, quien ha incorporado a su familia en este tradicional oficio al que se dedica hace 38 años. “Es una fotografía plasmada a través de una figura que proviene desde la época de la conquista”, narra el artista ayacuchano. Por lo general, los retablos tiene dos pisos. La parte superior es una oda a lo divino y la de abajo representa las tradiciones terrenales.