En una jornada marcada por la brisa marina de San Miguel, la banda neoyorquina demostró por qué sigue siendo el estandarte absoluto del indie rock contemporáneo, congregando a miles de seguidores que corearon sus canciones con alma, vida y corazón.
La noche comenzó a calentar motores a las 8:00 p.m. con la banda nacional Plug Plug, encargada de preparar el terreno. Sin embargo, el clímax llegó exactamente a las 9:00 p.m., cuando las luces se tornaron carmesí y las siluetas de Paul Banks, Daniel Kessler y Sam Fogarino aparecieron sobre el escenario.
Banks, impecable en su traje oscuro y manteniendo su habitual sobriedad, saludó en un español fluido que desató la primera ovación de la noche. El setlist fue un viaje por sus más de dos décadas de trayectoria, equilibrando la melancolía de sus inicios con la madurez de sus trabajos más recientes.
La banda no escatimó en clásicos. Desde los primeros acordes de "All the Rage Back Home", que abrieron el show, quedó claro que la conexión con el público peruano seguía intacta. El momento de mayor euforia llegó con la tríada de oro: "Evil", "Obstacle 1" y "Slow Hands", temas que fueron coreados a pulmón por una multitud que se fundió con las atmósferas densas y las guitarras afiladas de Kessler.
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