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LITERATURA

Madame Vargas Llosa y monsieur Faverón

Luego de aquella cima llamada 'Minimosca' (2025), Gustavo Faverón coloca en las librerías peruanas 'Madame Vargas Llosa', su nueva novela. Perú21 lo entrevistó.

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Madame Vargas Llosa y monsieur Faverón.
Ya está en las librerías 'Madame Vargas Llosa', la nueva novela de Gustavo Faverón. (Foto: Carolyn Wolfenzon).
Fecha actualización:
01/03/2026 - 07:00
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Su madre nació el mismo año que el escritor Mario Vargas Llosa. Estudió química y literatura. Y pobló la casa de libros. Entre ellos nació, hace 59 años, Gustavo Eduardo Faverón Patriau.  

En la biblioteca familiar estaban todos los libros de Vargas Llosa, excepto uno. En tercero de secundaria la profesora de Literatura mandó a leer La ciudad y los perros. Hasta ahora no comprende por qué recibió esa tarea como si fuera un mandato divino. Ese mismo día llegó a su casa y sin perder tiempo buscó entre los libros. Pero no estaba. Llamó por teléfono a su madre para pedirle que lo compre. La ansiedad lo devoraba. En las tres o cuatro horas que pasaron entre la llamada telefónica y la llegada de ella, leyó Los jefes y Los cachorros, y las primeras páginas de La casa verde. Era 1981 y así empezó a leer frenéticamente a Mario Vargas Llosa. Ese año leyó todas sus novelas. Cuando acabó, por suerte para él, entre octubre y noviembre llegó a las librerías La guerra del fin del mundo.

Cuarenta y cinco años después, La guerra del fin del mundo es parte del universo que Gustavo Faverón ha creado en Madame Vargas Llosa (Peisa), novela que esta semana entró a las librerías limeñas. Obra que llega luego de Minimosca (2025), hasta hoy su cumbre literaria.  

—Vargas Llosa fue mi primer affaire literario. Antonio Cisneros y Alfredo Bryce Echenique fueron los siguientes —me dice desde Brunswick, Maine, noreste de Estados Unidos. Está en la biblioteca que construyeron su esposa y él en el jardín de su casa.

En esta reciente obra, el autor entreteje historias que tienen como personajes a Mario Vargas Llosa; al cineasta mozambiqueño Ruy Guerra; a un sospechoso autor brasileño de telenovelas que se hace llamar Fittipaldi; a Rita Fontana, una mujer que traerá revelaciones desde la muerte; y a Maria Trindade, una escritora transgénero que asegura ser Vargas Llosa. El delirio y la sátira atraviesan sus páginas.

—El 28 de marzo recordaremos los 90 años del natalicio de Vargas Llosa y el 13 de abril el año de su fallecimiento. ¿Por qué eliges a Mario para este libro?

—Fue bien azaroso. Lo escribí tres meses después de su muerte. Hasta junio no tenía idea que crearía un libro donde Mario tendría una presencia importante.  

El plan inicial era componer una novela a partir de “Eleanor Rigby”, canción creada por Paul McCartney en el disco Revolver de los Beatles.  

—Me parece una de las letras más interesantes de los Beatles. Las estrofas son imágenes literarias muy fuertes. Siempre me ha parecido como una especie de microcuento que fácilmente se podría convertir en una novela.

Por primera vez se planteó la idea de investigar antes de comenzar una novela, casi siguiendo el método de Vargas Llosa. Viajó a Liverpool, se quedó dos semanas, buscó la tumba de Eleanor Rigby, investigó sobre McCartney y cuál era la inspiración que podría haber tenido para la canción. La muerte de Mario lo sorprendió allá.

Llegó julio y empezó a escribir la novela sobre Eleanor Rigby, pero no lo convencía. Solo tenía ese mes para crear esta historia porque en agosto volvía a la universidad para dictar clases.

–En algún momento dije: “Sería gracioso contar la historia como si fuera Vargas Llosa el que ha hecho la investigación para escribir la novela”. Y me quedé con la idea.

 

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Madame Vargas Llosa.

 

En Madame Vargas Llosa, Rita dice que para contar historias “extrañas” uno solo tiene que ver el mundo e imaginarlo un poquito más extraviado, ser malpensado. Le pregunto a Faverón si esa premisa está entre sus claves para escribir.

–Me gusta mucho la literatura realista, pero al mismo tiempo el realismo puro me da la impresión de que limita tu capacidad de fabular. Trato de ver el lado oculto, el lado que sospechas que está ahí y que tratas de pasar por alto o tratas de no mirar. 

–O cuando Maria Trindade dice que “desde la locura todo es más nítido”. ¿Quizás por eso transformas tus personajes, algunos hasta el delirio?

–Una cosa que se repite en mis novelas es, sin ninguna duda, la idea de la locura. Si es que hay una especie de línea divisoria entre la cordura y la locura, debe ser muy tenue. Yo creo que todos en algún momento estamos al otro lado y, los que tenemos suerte, sabemos cómo regresar. 

–¿Esa línea divisoria también es tenue entre el ser bueno y el ser malo?

–Yo creo que uno vive transitando de un lado al otro constantemente. 

Como parte de ese delirio, Faverón traza en Fittipaldi a un personaje que desde el manicomio nos puede parecer coyuntural para los peruanos. En su locura, un día lanza su candidatura por la extrema derecha y luego por la extrema izquierda. ¿Es el Perú?

–Dina fue una presidenta de derecha radical y llegó como vicepresidenta de un partido de izquierda radical. Tengo 25 años viviendo en Estados Unidos y he visto a gente como Trump pasar de ser votante demócrata a ser el presidente más radical de la ultraderecha americana. O ves a gente de izquierda que defiende a Putin porque es antiamericano. Y Putin es un derechista y un imperialista de los peores.

A tono con los personajes del libro, le pregunto qué Vargas Llosa elegiría ser.

–El que escribe La guerra del fin del mundo.  

Parece que da por concluida su respuesta, pero vuelve.  

–¿Sabes qué Vargas Llosa me gustaría ser? El Vargas Llosa que escribe libros que contradicen las ideas del Vargas Llosa político. Una cosa que yo más admiro de él es esa capacidad de crear némesis suyas que pueden ser entrañables, que tienen mejores argumentos y que muchas veces lo derrotan. 

En julio, Gustavo Faverón espera volver al jardín de su casa para escribir la segunda novela breve del ciclo “Más opio para el pueblo”. Y seguro lo hará durante diez o doce horas al día, los siete días de la semana, como confeccionó Madame Vargas Llosa. Aún no sabe si será la historia inspirada en Eleanor Rigby. También piensa en la tercera parte del ciclo que empezó con Vivir abajo (2018) y Minimosca.

Toda la entrevista lo acompañó un cigarrillo encendido. Por la ventana se alcanza a ver la tormenta de nieve que azota al pueblo, donde se vive con tres grados bajo cero.

 

 

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