Esta pieza fue elaborada entre dos viajes que realizó el artista: por un lado, su visita a la ciudad de Huamanga (Ayacucho), antes que se desatase el periodo de violencia 1980-2000; y, por otro lado, su visita al campo de concentración nazi Mauthausen-Gusen (Austria). Las emociones generadas en estas experiencias fueron plasmadas en la obra que denota el terror de la muerte y la necesidad de memoria. “Sin el recuerdo, no habrá paz”, suscribe Bernasconi.