Ya no pisquito. Ya me tomé todo (risas). Fui delgada hasta que empecé con corticoide, me envenené. Fue tanto que ese corticoide era para seis meses, pero terminé usándolo un día sí y otro día no. Subí de 56 kilos a 96 kilos. Estuve en silla de ruedas, me tuvieron que dar de comer, bañarme, no podía moverme. Después de eso, en 2012, vino el cáncer de tiroides. Lo bueno es que yo no tenía miedo. A la doctora le dije: si me vas a mutilar el alma (que eso para mí es la voz), déjame el cáncer, que ya le agarraré cariño.