El escritor Fernando Ampuero, en su texto de presentación, dice: “Ellas, las monjas, que están casadas con Dios, y la mar, que vive arrejuntada con Neptuno, el promiscuo dios pagano que gobierna todas las aguas, se están mirando; la mar, extiende por la arena la espuma de unas agónicas olitas que se arrastran mansamente; y las monjas, trémulas, oyen el secreto llamado de otro misterio que las seduce. ¿Esto es lo que ocurre? Quizá. ¿Pero en qué momento ellas sintieron la urgencia (léase: la necesidad extrema) de descalzarse y mojar sus pies en la mar?”.