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BATERISTA Y PERCUSIONISTA

Gisella Giurfa: "Con Alejandro Sanz toco mi cajón peruano en una base de panalivio”

Los primeros conciertos de Gisella Giurfa fueron a los 14 años y para una pollería. Hoy gira por el mundo con Alejandro Sanz. La entrevistamos.

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Gisella Giurfa.
Gisella Giurfa brilla en el grupo de Alejandro Sanz. (Foto: Salva Musté).
Fecha actualización:
30/10/2025 - 06:48
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Tenía 14 años y sus delgados brazos se movían al ritmo de las congas en la banda de una popular pollería limeña. Era la menor y la única adolescente que le pegaba a los cueros en la agrupación. “¿No te duelen las manos?”, “¿cómo haces para tocar así?”, le preguntaban con asombro.

Su pago era un cuarto de pollo y hacía “giras” por las sedes de la pollería, de Breña a Zárate. Así fue su debut en un escenario.

—En mi cabeza yo estaba de “gira” —recuerda desde México Gisella Giurfa a sus 37 años y de gira por el mundo como baterista y percusionista del cantante español Alejandro Sanz.

 

 

Ya son unos treinta conciertos que ha dado con la voz de “Corazón partío”. Es solo el inicio de una gira que debe durar unos tres años y que llegará al Perú en febrero próximo.

¿Qué de especial tiene esta gira?

Es la primera vez que estoy en un proyecto donde no es que te dan la canción y tienes que tocarla tal cual. El desarrollo del show se ha hecho en colectivo y utilizando las propuestas de cada músico. Alejandro quiere aprovechar la versatilidad de cada uno. Y entonces sientes que eres parte, que es tuyo.  

¿En qué canción dirías que se siente más tu aporte?

Es difícil porque te podría decir que en todas; pero si te tengo que decir algunas en concreto, te diría que es “Desde cuándo”; “Aquello que me diste”; el final de “Hoy no me siento bien”, que es una timba; “Capitán Tapón”, que tiene todo el estilo funk. En todas esas está mi lado rockero, mi lado funk, mi lado latin y mi lado pop.  

¿Y hay algo de lo peruano?

Sí; de hecho, en una de las canciones, “Y, ¿si fuera ella?”, que es acústica, toco con mi cajón peruano, que me lo he traído a la gira. Y Alejandro sabe que es peruano, porque no estoy usando el flamenco que tienen ahí. Y la base que yo hago tiene como raíz el panalivio. Entonces, en “Y, ¿si fuera ella?” de Alejandro Sanz tocó el cajón y tiene el ritmo panalivio como base en el cajón. Me parece increíble, estoy superfeliz, ¿sabes?, porque ellos no lo saben, probablemente. Si leen esta entrevista se enterarán (sonríe). Yo propuse ese patrón y sé de dónde viene, y a ellos les gustó.  

 

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Gisella Giurfa.

 

¿Cómo se dio tu ingreso al grupo de Alejandro Sanz?  

De la manera más random que te puedas imaginar. La gente cree que hay una fórmula y realmente no la hay... El año pasado fueron los Latin Grammy en Miami y en esa semana hay distintos eventos, galas, jammin. Me fui a un jammin y yo estaba tocando con un señor, un guitarrista que yo no sabía quién era. Fue un jammin un poco extraño porque lo llevaba un momento por el rock, otro momento por el flamenco, otro momento por un 6 por 8; o sea, es como que estábamos tocando de todo en diez minutos. Terminamos la canción del jammin y se me acerca y me pregunta mi nombre. Y me dice: “Mucho gusto, soy Javier Limón”. Ahí ya supe quién era. Javier Limón es un productor español muy reconocido, ha sido profesor de muchos años en Berklee y ha trabajado como productor con Alejandro, con Paco de Lucía. Tiene una trayectoria enorme. Y me dice en ese momento: “¿Me puedes dar tu contacto?, porque me gustaría recomendarte para tocar con Alejandro Sanz”. A las dos semanas recibí una llamada del director de Alejandro para preguntarme si me interesaba estar en ese proyecto. Le dije que sí. Al instante también supe que Alejandro ya sabía de mí porque me empezó a seguir en redes. Y comencé el trabajo en julio, en España. Acepté la propuesta, más o menos, en enero. Y luego surgió la oportunidad de tocar en marzo en un show en México. El director me preguntó si podía hacerlo, que había un poco menos de un mes para hacerlo, porque ya el artista quería que yo toque. Yo dije que sí, pero luego lo volví a pensar porque dije “hay un riesgo que si yo hago mal ese show, se cae todo y tienen hasta julio para conseguir otro baterista”. Pero luego dije “ya estoy aquí y esto tiene que funcionar”. Me mandaron el show completo, un show de dos horas.    

¿Fue extenuante prepararte para ese show de marzo?  

Lo fue, porque tenía poco tiempo, y tenía otros compromisos en Miami que cumplir, que no iba a cancelarlos. Dormí muy poco, me la pasaba en todos los huecos y las horas posibles practicando, escuchaba el show cuando iba manejando. Fue una cosa muy militar para mí y con la presión de que si algo sale mal, pues probablemente perdía la oportunidad de estar con la banda. El director vino a Miami para escuchar lo que yo tenía y quedó muy contento. En México hicimos una prueba de sonido-ensayo sin Alejandro, lo que fue un reto más grande porque la voz principal te guía. Al día siguiente tocamos el show completo en vivo ya con Alejandro y todo salió bien. 

 

 

¿Cómo es trabajar con él?

No es como una relación distante, es todo lo contrario. Para Alejandro es muy importante la unión entre su banda y él. En España, por ejemplo, para los ensayos todos los días almorzábamos juntos, compartíamos. Hemos tenido momentos no solo musicales, sino de mirar las estrellas, de conversar de nuestras cosas. Todos los días antes del show compartimos, conversando o viendo algún video, estamos concentrados todos antes de salir al escenario para luego demostrar esa unión a través de la música y de las canciones.  

¿Te ha dicho o dice algo en particular?  

Lo que me ha llamado la atención es que él haya notado desde un principio mi pasión al tocar y lo dedicada que soy.  

¿Cómo te lo ha hecho saber?  

Diciéndomelo directamente. 

¿Cómo es él?  

Es un tipo muy generoso, es una gran persona. Es bastante cariñoso también, respeta mucho, prioriza el respeto, el cariño y también es muy perfeccionista a nivel musical. Yo estoy muy feliz más allá de tocar con él, de conocerlo, de sentirme querida y valorada. Se tiene muy claro que el público es lo más importante y que para el público se tiene que dar todo el corazón y la mejor actitud. Para que ocurra eso, la banda tiene que sentirse de lo mejor también. Entonces, ahí viene el buen trato que tenemos.  

Esta gira llega en un momento interesante para la música en español: la gira de Shakira, el tour de Alejandro, Bad Bunny en el Super Bowl. ¿Hay un furor en el mundo con la música hecha en español?

Sí. El boom de la música latina no es más que una evidencia de que lo puro está en la mezcla. No hay fronteras que valgan. Estamos muchas veces divididos, pero la música al final es lo que nos une.  

También está el fenómeno Tiny Desk Concerts con Catriel y Paco Amoroso y 31 Minutos.  

Y Camilo acaba de tocar en Japón. Ya los límites del idioma no interesan, al final interesa lo que sientes. La música es eso.   

Ocurre todo eso en el arte frente al discurso político antimigratorio de personajes como Trump.

La música al final siempre está al servicio de la comunidad. Cuando te subes a un escenario a tocar, estás tocando para gente que, por ejemplo, no sabes lo que les esté pasando, quizás ir a ese concierto era lo mejor que les habría podido pasar. Estamos al servicio de la gente y esa es la diferencia con la (actividad) política, donde no hay un verdadero interés por servir a la gente.

 

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Gisella Giurfa.

 

¿La música peruana qué posibilidades tiene?  

Obviamente está escalando muchísimo, cada vez hay más peruanos nominados a los Latin Grammy, cada vez hay más peruanos nominados al Grammy americano y eso es el resultado también del trabajo de los músicos y de los puristas de nuestro folclor de aceptar y entender que hacer mezclas está bien. Lo que hace Kaifex, lo que hace Renata Flores... Es que es la mezcla, en la mezcla está el cambio.  

¿Qué otros nombres peruanos tienen potencial internacional?  

Wendy Sulca, Novalima que tiene un trabajo increíble desde hace tiempo, Afro Perú...

Después de este momento estelar para ti, ¿qué tendría que pasar: no sé, tocar con Shakira?  

(Risas). Haya estado con el artista que haya sido, nunca he sacrificado mis sueños personales. Me veo empezando a trabajar en un disco solista y en paralelo en un proyecto junto a Ruth Torres, que es sin miedo de equivocarme la única guitarrista criolla mujer con tantos años de trayectoria en Perú. También son mi prioridad, de alguna manera, amigos y artistas que están remando por lograr alguna posición en la industria. No desmerecería a nadie y tampoco pensaría que ahora “estoy en otro nivel y no puedo tocar en ciertos lugares”. No, para nada.

 

 

Autoficha:

-“Soy Gisella Giurfa, tengo 37 años, nací en Lima. En tercero de secundaria ingresé al Conservatorio para empezar a estudiar mi carrera de percusión, pero mi formación desde cero fue clásica. En paralelo tenía clases privadas para también inyectarme del lado popular”.

-“Luego del Conservatorio me fui a Japón. Mi primer maestro y mi maestro de toda la vida, quien lo seguirá siendo, es Alonso Acosta. También tendría que mencionar a la maestra Mónica Mestanza en mi etapa de formación. En lo popular he tenido distintos profesores, como Alex Sarrín, César Lescano, Miguel Marrero —el timbalero de la Fania en Nueva York—”.  

-“Mi proyecto solista incluye canciones que algunas tendrán colaboraciones para que tengan voz, otras serán instrumentales. Son composiciones que parten de lo percutivo, pero incluyen otros instrumentos. Por otro lado, el 11 de noviembre voy a tocar en un evento que hace Spotify por los Latin Grammy”.

 

 

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