Uno de los restaurantes más importantes de Lima era La Rosa Náutica, mi papá estaba almorzando y conoció a Enrique Blondet, gerente del restaurante; un tipo de un trato muy fuerte. Le decían el ‘Loco’ Blondet. A mi papá le dijo: “Si tu hijo quiere ser cocinero, dámelo un mes y si aguanta ese tiempo, será un buen cocinero”. Yo le dije ya y me quedé un año y más. Salí de Hotelería en la San Ignacio y entré a Le Cordon a estudiar cocina, a los 18 años, donde conocí al chef Jacques Benoit, que con los años se convirtió en mi mentor. Tan apasionado, tan culto, tan capo, encontré un paradigma.