Pasó de los edificios grises de Lima a las montañas verdes de Ayabaca. A sus tiernos tres años ya caminaba entre el ganado, las quebradas y el valle. Son sus primeros recuerdos de vida.
José Luis Chávez Tejada, autor del libro de fotografías sobre Cajamarca, fue recibido por el papa, y le obsequió la obra, como parte de su periplo por Europa.
Desde aquella temprana edad, Gerardo Cabrera Campos conoció la imagen que hasta hoy lo acompaña: la del Señor Cautivo de Ayabaca. Esta suerte de peregrinaje de vida llega a su cima con la publicación del libro La ruta de los cautivos (Viajes), una crónica sobre el origen de esta fe, popular y dolorosa. Lo presenta este jueves 25 de septiembre en la Universidad de Piura, en su sede norteña, a las 7 p.m.
El pequeño Gerardo llegó en la caseta trasera de un camión, instalada encima del ganado, luego de casi medio día viajando de la ciudad de Piura a Ayabaca. Nació en Lima, pero parecía que había nacido en Montero, en Ayabaca, Piura, parada clave antes de presentarse ante la venerada imagen.
¿Por qué vivías en Montero?
Mi mamá es de Montero. Mis padres decidieron separarse y ella volvió a Montero, y yo me fui con ella. Y ahí viví toda mi vida. Hice mi inicial, primaria y comencé a viajar por toda Ayabaca, por toda la sierra norte del Perú.
¿Y cómo conoces al Señor Cautivo?
Uno de los primeros recuerdos que tengo es de la fiesta de octubre. Montero es una de las últimas paradas de los peregrinos y allí a la gente se le atiende, les curan las heridas, les hacen masajes, les dan comida gratis.
¿De Montero al punto final cuánta distancia hay?
Son casi 30 kilómetros, pero es todo subida, de los 1,000 metros de altura sobre el mar a los 2,700. Una de mis primeras impresiones de niño era ver a esta gente que venía cansada, descompensada, mal alimentada, con heridas en los pies, ampollas, todo, y cómo llegaban a rezar, a cantarle al Señor Cautivo. Y ahí fue creciendo quizás una religiosidad por parte mía.
¿Y qué momento ves por primera vez la imagen?
Después de la fiesta principal, que son los días 12 y 13 de octubre, el 14 o 15 caminamos a Ayabaca. Mi abuelito me llevó por primera vez, casi a los 10 años. Él iba en su caballo y yo iba caminando (ríe), así era la costumbre. A buen pie, se hace siete horas, pero hay quienes se demoran hasta quince horas.
Cuando llegaste a la cima, ¿cuál fue tu sensación?
Es indescriptible. A mí me impactó siempre la mirada del Señor Cautivo. Como está en el libro, es una mirada un poco de dolor, de debilidad, de sufrimiento.
Como si él hubiese subido esa pendiente.
Sí, una locura.
¿Pedías algo?
Al inicio la aventura te lleva: “Vamos a comer tortillas con café al amanecer en tal pueblito, en tal caserío”. Pero luego, con el tiempo, la religiosidad de la persona va cambiando o va madurando, y ya vas por una promesa. Por ejemplo, yo recuerdo que caminé una vez cuando ingresé a la universidad (ríe). Pero hay gente que habla de que le curó de un cáncer o le salvó la vida. Hay gente que no va porque le hizo un milagro, sino porque le tiene mucho cariño.
¿En qué momento pensaste que podía ser un libro?
Cuando comencé a ser periodista en Piura, entré a trabajar al diario El Tiempo en 2014 y una de mis metas periodísticas era escribir la historia del Señor Cautivo. Con los años recogí testimonios, archivos, en España encontré buenos documentos. Y todo eso está en el libro. Una de mis curiosidades periodísticas era llegar hacia el origen, cómo surge esta festividad, que trasciende la religión y va hacia la política, la historia e incluso el medioambiente porque —hay que decirlo— existe mucha contaminación durante el peregrinaje. Entonces, quería contar de una manera periodística y no religiosa eso. Y aparte, porque nunca se había hecho. He caminado desde Tambogrande, durante cuatro a cinco días, viendo todo fríamente: lo que sufre la gente, la diversidad de personas que van, lo que piensa la gente, lo que cantan, todo.
¿De qué otra forma trasciende lo religioso?
No es una fiesta que se queda solamente en Ayabaca. Son millones de soles los que ingresan económicamente a la región Piura.
¿Cuánta gente llega actualmente?
Todos los años varía, pero se habla a veces de 500,000, 400,000 visitas solo en octubre. Esta festividad es una de las más populares del Perú, de Latinoamérica y del mundo. Aquí la gente viene de Ecuador, Lambayeque, Cajamarca, Lima, Tacna, Ica, Callao... Hay gente que, en estos momentos, ya ha salido de Arica, por ejemplo.
¿Por qué es la más dolorosa?
Por las heridas que genera el peregrinaje y la penitencia.
¿Qué has visto?
Unas cuadras antes de llegar a la iglesia del Señor Cautivo la gente se arrastra de pecho, de espaldas, va de rodillas o va con su bebé arriba o con la imagen del Señor Cautivo en brazos, y se hacen heridas, ampollas. Hay gente que ha muerto por descompensación fulminante. Cuando caminas de Piura a Ayabaca, en la ruta vas a ver varias cruces de peregrinos que han muerto caminando. Y está en el libro también.
Hay quien diría que eso ya es fanatismo y que está mal. ¿Qué responder?
Claro, hay sacerdotes que no están de acuerdo. Esta penitencia es una práctica que se quiso erradicar ya en el siglo XVIII, XIX, pero no se ha podido porque la religiosidad popular es muy fuerte... Esta investigación la he hecho con mucho respeto para quien cree y para quien no cree.
Autoficha:
-“Soy Gerardo Cabrera Campos. Tengo 34 años. Nací en Lima el 25 de agosto del 91. Mi mamá nació en Montero y mi papá en Ica. Mi próximo reto es quizás también investigar y escribir sobre el Señor de Luren. Estudié Comunicación en la Universidad de Piura”.
-“Hice el grado de Periodismo en España, en la Universidad de Navarra. Estoy ahorita en una maestría en Comunicación Estratégica en la Universidad Rovira i Virgili de Cataluña, España. Mi primer libro es Crónicas de Ayabaca y La ruta de los cautivos es mi segundo libro”.
-“Tengo dos proyectos editoriales que ya los tengo bien definidos, casi terminados. Uno es una crónica sobre el año en que Mario Vargas Llosa vivió en Piura y fue periodista; y otro libro es una crónica sobre uno de los cantantes más queridos en el Perú: Makuko Gallardo (Armonía 10)”.
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