El padre, quien se dedicó a la publicidad, lo llevaba a los rodajes. Tenía 13 años y era uno de los 500 menores que fueron apareciendo entre los muros de Machu Picchu, en un comercial para Coca-Cola. “Mi papá tenía mucha dedicación, era muy minucioso, muy preocupado por el color y la luz, un gran fotógrafo”, recuerda sobre aquellos días en los que, sin saberlo, grababa los primeros minutos de su papel en la vida.