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PUBLICA BIOGRAFÍA

Fietta Jarque: "(Blanca Varela no) se veía a sí misma como ‘yo voy a ser una poeta’”

Fietta Jarque vuelve para presentar en la Feria del Libro de Lima La vértebra perdida. Una biografía de Blanca Varela, a propósito del centenario de la poeta. Perú21 la entrevistó.

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Fietta Jarque.
Fietta Jarque publica 'La vértebra perdida. Una biografía de Blanca Varela'. (Foto: Pedro Jarque Krebs @pjarquek).
Fecha actualización:
15/07/2026 - 07:00
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Un día de hace veinticinco años Fietta Jarque entrevistó a Blanca Varela. El encuentro fue en Madrid.

Al frente tuvo a una persona seria y sobria, con guiños al humor negro. Cita que describe como una conversación profesional de alrededor de una hora. No se conocían. “Aunque creo que sí conocía a mis padres”, me dice. El abuelo de Fietta tenía una librería y su padre trabajó en ella.  

Fue la única entrevista que le hizo a la autora de Canto villano, que falleció un 12 de marzo de 2009 y nació un 10 de agosto de hace casi cien años.

Natalicio que este 2026 se conmemora y que, entre otros homenajes, se acaba de publicar La vértebra perdida. Una biografía de Blanca Varela (Lumen, Penguin Random House). El miércoles 29 de julio será presentado en la Feria Internacional del Libro de Lima, a las 8 p.m.

“Me encantó poder hablar con Blanca aquella vez”, recuerda la autora de esta biografía, desde Madrid, bajo 38 grados de temperatura.

 

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Blanca Varela

 

En el libro narras un encuentro con el pintor Fernando de Szyszlo, donde te dice que Blanca era floja, cocinaba mal y se levantaba tarde. ¿Fue la escena detonante para luego escribir un libro sobre ella?

En realidad, sí, aunque no lo pensé exactamente en ese momento. Me quedé con la sensación de que me parecía injusto y una pena, porque era la persona que podía hablar más y mejor de ella que ya había fallecido. Luego estuve releyendo algo de su poesía y el libro de recopilación de entrevistas que hizo Jorge Valverde; y entonces pensé que sería interesante intentarlo.

¿Por qué Szyszlo dijo eso?

Él era bien trabajador en su pintura. Se levantaba y se ponía a pintar todos los días de su vida. Y ella era más de levantarse tarde y tomarse las cosas con calma. Cuando ellos se casan y llegan a París, ella no sabía cocinar, nunca le gustó. En su casa la mamá cocinaba y ella no. Lo que Szyszlo decía, en el fondo, no dejaba de tener alguna razón. Quizás desde la posición de los hombres de esa época, ella tendría que levantarse a limpiar y cocinar. Y ella estaba conociendo París y viéndolo en las mismas circunstancias que sus otros amigos. Ella era una mujer muy independiente en ciertos sentidos y por lo visto no le hizo tanto caso a las labores domésticas. No se convirtió en una ama de casa.

Comentaba esta frase y una compañera de trabajo me dijo: “Ah, yo soy así también”. Y claro: ¿por qué tendría que cocinar bien?, ¿por qué tendría que levantarse temprano?

Claro. Ella leía muchísimo y estaba aprendiendo francés. La poesía llegaba como chispazos y apuntaba en papelitos. No se ‘veía’ que estaba ‘produciendo’. Tenía timidez primero, que era la típica inseguridad de una persona joven. Y tampoco se veía a sí misma como “yo voy a ser una poeta”. Escribía poesía y había publicado porque sus amigos poetas la habían animado, como Westphalen, Salazar Bondy. Y Octavio Paz, a quien conoce al poco tiempo de llegar a París, sí la obliga a escribir más.

¿Hasta el final tuvo esa impresión de sí misma de no ser poeta?  

Sus libros fueron todos publicados en pequeñas editoriales independientes con una circulación mínima. No le gustaba hablar de su poesía con otros poetas. Pero, al mismo tiempo, me decían que ella sabía perfectamente que lo que escribía era bueno. En una conversación con Giovanna Pollarolo y Alonso Ruiz Rosas, Blanca dice: “Mi poesía no envejece”. Y yo creo que ese es justamente el punto que a ella le interesaba. Por eso desechaba todo lo que pudiera atar su poesía a circunstancias externas, incluso personales.

¿Cuántas Blancas había? Pienso en la niña Pirulita, en la regidora, la que veía telenovelas brasileñas, la poeta...

Siendo Pirulita ella triunfa en Radio Nacional, que era escuchada por todo el mundo, todos los días. Era un programa infantil. Pero le daba vergüenza. Sus hijos no supieron nunca ese episodio de su infancia, nunca se los contó. Ellos se enteraron después. Sus hermanos y Blanca tuvieron que trabajar desde niños, en una familia en la que todos del lado materno provenían del mundo del espectáculo. Hay muchas Blancas. También la periodista, la editora.

¿A quién se pareció más: a su madre Serafina Quinteras, la compositora criolla, o a su padre, que en su linaje familiar tuvo un presidente, casi dos polos opuestos?

Un poco por ahí viene también el título del libro. Cuando hablaba de sí misma ella decía “desde niña tuve una sensación de amargura, de frustración”. Se sentía desubicada. Y no sé hasta qué punto supo que se debía un poco a esa situación familiar. Su padre nunca se quiso casar con su mamá, teniendo tres hijos. Si bien ella era muy independiente, muy moderna, en el fondo siempre quiso una familia convencional: padre, madre e hijos. Eso desde niña la hizo sentir un poco sola contra el mundo. Y es algo que alimenta su poesía. Hay un pozo de resentimiento, de amargura. Su padre sí alimentó su lado literario y fue muy cariñoso con ella, pero ella lo consideraba un hombre cobarde, en el sentido de que no las protegió, no estuvo ahí, un hombre que no quiso romper las convenciones sociales para no perder su lugar en una ciudad muy clasista.

En el libro narras que ni la madre ni la abuela de Blanca terminaron la primaria.  

Así es. El abuelo a la abuela la rapta con 14 años. Y la mamá se vio arrastrada toda su infancia, de aquí para allá, con los padres que todo el tiempo estaban escapándose. Obviamente, sabían leer y escribir, y en casa se leía, el abuelo era historiador, era un hombre culto... A la mamá la quería, pero no quería participar de su ambiente (del espectáculo) y al papá lo quería, pero le reprochaba que no hubiera asumido un papel de responsabilidad. 

¿Qué te diría Blanca del libro?

Al principio, le molestaría un poco. Le gustaba saber de la vida de las personas, pero a ella no le interesaba exhibirse… Espero que después de este libro se lea de manera distinta su poesía.

 

Autoficha:

 

-“Soy Fietta Mari Ella Jarque Krebs. No te voy a contar la historia de mi nombre, que es de origen croata… Mi mamá era pintora y mi papá era un intelectual que tenía una biblioteca fabulosa, le gustaba el teatro, también fue director de teatro. Eran existencialistas (ríe)”.

-“Tengo 70 años. Nací en Lima. Primero ingresé a la Universidad de Lima a estudiar cine, luego empecé a estudiar en la Ricardo Palma traducción a interpretación simultánea. Me casé y nos fuimos a vivir a Talara y luego a México. Me separé y me dediqué al periodismo”.

-“Actualmente, hago la revista Ojo Dorado del ICPNA, donde soy la editora. Y, claro, escribo libros. Tengo publicados otros cinco, seis libros. Me dediqué al periodismo cultural simplemente porque me gusta estar al día en las novedades culturales, porque soy una consumidora de cultura”.

 

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