La portada gigante de una futura historieta de su autoría sobre los Colli, maquetas, huacos, réplicas, paneles, historietas, mapas y moldes son algunas de las piezas que exhibe en dos ambientes. Espacios que ha ido implementando gracias a la ayuda de alumnos de universidades como San Marcos y Católica; y claro, gracias a la tenacidad de Enrique, que también sostiene este reducto con polladas, frejoladas y, este 16 de octubre, con una pallarada. Pero le molesta que digan que tiene el museo más humilde del mundo. Defiende la dignidad, la de un autodidacta en historia, investigación y gestión cultural.