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CORONEL EP

Carlos Enrique Freyre: "Pensé en ser escritor porque había leído 'El pez en el agua'”

Acaba de publicar el libro 'Mario Vargas Llosa. Biografía no autorizada'. Perú21 entrevistó al coronel EP y escritor Carlos Enrique Freyre.

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Carlos Enrique Freyre.
Carlos Enrique Freyre acaba de publicar el libro 'Mario Vargas Llosa. Biografía no autorizada'. (Foto: Javier Zapata).
Fecha actualización:
20/08/2025 - 07:00
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Caminó al quiosco de la esquina de su casa, en Julio C. Tello con Capac Yupanqui, Lince, donde hasta ahora sigue en pie aquel puesto de periódicos. Tropezó con la portada de un diario que tenía la imagen de un periodista asesinado en Uchuraccay, Ayacucho.  

—Me impactó muchísimo por la brutalidad. De ahí seguí el tema muy de cerca, porque se hablaba en casi todos lados —recuerda así sus siete años de edad cuando escuchó por primera vez el nombre Mario Vargas Llosa, porque dirigió la comisión que investigó ese caso.

 

 

Carlos Enrique Freyre era un niño de siete años que leía periódicos, que aprendió a leer cuando tenía cuatro años con revistas de Superman y que en la pubertad fue corresponsal de El Comercio y leyó Papillon de Henri Charrière.

—Esa novela me dio la idea de escribir.  

Y a los 13 años leyó por primera vez al premio nobel de literatura en Conversación en La Catedral. Y ahora es autor de Mario Vargas Llosa. Biografía no autorizada (Academia Antártica), donde recorre pasajes sustanciales de la vida y obra del creador de La ciudad y los perros.

Le pregunto cómo llegó a temprana edad a Conversación en La Catedral.  

—Solo llegó.

 

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Carlos Enrique Freyre.

 

¿Cuando acabaste el colegio, primero pensaste en ser escritor o militar?  

Yo quería ser todo (ríe). Estudié en el Juan XXIII de Moquegua.  

¿Por qué en Moquegua?

Me porté mal.  

¿Qué hiciste?

Me escapé de mi casa una semana.

Sonríe tímidamente. Duda de continuar con la historia para evitar ser mal ejemplo para su hijo. Pero insisto con la pregunta, la culpa es mía.

Regresé y mi papá me dijo: “Te vas”.  

¿Tu papá a qué se dedicaba?  

Era gerente de leche ENCI.

¿Y por qué te fuiste de casa?  

Me parece que tuve una discusión. Me fui al estadio con mi hermano y de regreso me castigó, y eso para mí fue el detonante. Y había leído Papillon, donde un hombre se fuga.

¿Y adónde te fuiste?

Me fui hasta Ica. Vi un bus y me fui. Creo que me daban propinas, tenía un equivalente a 50 soles. Me quedé de amanecida, regresé y así estaba andando, hasta que pasaron unos cuatro días.

Tus padres habrían puesto una denuncia, ¿no?

Claro. Hasta que el hambre me hizo volver. Yo pensé que me iban a pegar, pero tomaron la decisión de que me fuera a Moquegua. Los profesores que tuve ahí fueron de primera y descubrí que podía ser un alumno aplicado. Y todas las carreras me gustaban. Hasta que ingresé a la escuela militar. Pero sí, pasó por mi cabeza ser escritor porque había leído El pez en el agua, y la lección que Mario daba ahí era que uno podía ser lo que quisiera, siempre y cuando tenga la voluntad, y creo que esa es una de las cosas más marcadas de esta biografía que he escrito.  

Entonces, ¿por qué elegiste ser militar?  

Es una historia larga… Yo estaba en Lima. Tenía un tío que era periodista y me mandaba a hacer entrevistas a Cristal. Recién había terminado el colegio. Un día almorcé al paso y me dio tifoidea y de ahí neumonía. Mi papá me volvió a mandar a Moquegua para que me recupere. Cuando me sentí más o menos bien, se me ocurrió ir a ver mis papeles al Ejército y justo estaba en la época de leva. Entonces, me encerraron. Iban pasando los días y cuando finalmente vinieron a verme mis padres, pensé que era para sacarme, pero no. Me comunicaron que me iba a quedar e iba a servir un año. Pero comencé a sentir un poco de orgullo, porque cuando salía a la calle mis amigos me decían “¿cómo has aguantado?”; yo me veía más grande, me comencé a sentir diferente. Me adapté y no se me hizo muy complicado ir a la escuela militar.  

 

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Carlos Enrique Freyre.

 

Más allá de la muerte de Mario, ¿por qué escribes este libro?

Me da pena que haya tantas personas capaces de criticar a Mario y no se han dado cuenta de adónde ha llegado. En Madrid una persona promedio lo admira muchísimo. Entiendo que los temas políticos siempre son ariscos y generan enemistades, traumas y qué sé yo. Pero eso no puede soslayar lo enorme que ha sido Mario.

En el libro relatas que en un homenaje le entregaste a Mario tu novela El fantasmocopio. ¿Sabes cuál fue su destino?

Lo encontré en la Biblioteca Vargas Llosa de Arequipa... Un día estaba con el bibliotecario y le pregunté “¿y estos libros que están con llave?”. Y me dijo: “Son los libros que el doctor Vargas Llosa ha calificado en una escala vigesimal, de cero a veinte”.  

¿Qué nota tenía tu libro?

“Esa vitrina se va a abrir cuando el doctor Vargas Llosa fallezca”, me dijo.

¿Cuántos libros había?  

Unos 200 libros más o menos. Me sorprendió mucho. Según lo que me dijo Mario Rommel Arce, que en ese tiempo estaba a cargo de la biblioteca, los libros tienen anotaciones.

¿Y ya sabes cuánto te puso?

No lo voy a ver (ríe). Me parece muy sórdido querer saberlo. Yo no tenía la menor idea de que mi libro estaría ahí. Hasta donde sé, todavía no lo han abierto. Yo creo que sería mejor que no se abra. Ya el hecho de que esté ahí para mí es suficiente. Hay cosas que yo tomo con mucho honor; por ejemplo, lo de la película de Francisco Lombardi: El corazón del lobo, que está basada en mi novela El miedo del lobo, y la ha estrenado en el Festival de Cine de Lima PUCP y que estrenará en cines el 2 de octubre. Entonces, un día alguien me hizo ver que Francisco Lombardi había solamente publicado a cinco autores peruanos: Bayly, Mario, Congrains, Ribeyro y a mí. Y, además, El fantasmocopio se va al cine.

¿Qué otros nombres estaban en la vitrina?

Verne, Dumas. Cuando vi mi libro sentí que el Club Once Amigos de Chucuito estaba en la Premier League (ríe).

Me dices que alistas una novela sobre el pintor Sérvulo Gutiérrez. ¿Tu forma de trasgredir siendo coronel es a través de la literatura?

Sí. He aprendido a respetar las normas. Una vez leí a Sofocleto en Los cojudos y decía: cojudo es un suizo que respeta el semáforo a las 2 de la mañana. Yo lo hago (ríe). El Ejército me protege mucho de ser un transgresor de la vida.

 

Autoficha:

 

-“Soy Carlos Enrique Freyre Zamudio. Tengo 51 años. Nací en Lima. Luego de la escuela militar hice un montón de cursos relacionados al ejército, a la historia militar. Y ahora llevo una maestría en el Programa de Alto Mando del Ejército, sobre geopolítica y geoestrategia”.

-“He servido en gran parte del país, Vraem, Amazonas, Zarumilla, Arequipa, Puno. He hecho una carrera dentro de mi especialidad: infantería. El Ejército es para los jóvenes una muy buena oportunidad de ser un profesional exitoso. Creo que soy el mejor ejemplo de eso”.

-“He publicado veinte libros. Estoy haciendo una novela sobre Sérvulo Gutiérrez. Una vez Sérvulo y Doris Gibson pelearon, él tiró el cuadro que hizo de ella, y Doris le dijo: ‘Sérvulo, ¿cómo se te ocurre tirarme a la calle calata?’ (ríe). Ahí me di cuenta que eran un par de locos. Rompieron los estereotipos”. 

 

 

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