“En algún momento fui el rey del mundo”, comenta Michael tratando de mirar a la cámara. Con casi 63 años y ya retirado completamente de la actuación, el párkinson lo tiene embargado. Es incapaz de mantenerse quieto, hilar palabras de manera fluida y hasta de labores cotidianas como caminar o bajar una escalera. La dificultad se le multiplica, al punto que un paseo por los alrededores de su casa, en Nueva York, termina en una caída frente a las cámaras. “Me caí por verte”, le dice el actor entre risas a una transeúnte que lo reconoce y no puede creer que su ídolo está tendido en el suelo.