Un chico menor que él lo encañonó con una metralleta. ¿Con qué gesto respondió Alfredo? Solo el joven soldado de las huestes de Pinochet lo sabía. Inmediatamente le preguntó desafiante: “¿Qué, no te gusta?”. Y Alfredo volvió a responder, esta vez con palabras: “No me gusta”. Entonces, lo llevaron preso mientras montaba una obra de teatro.
Empezó el Festival de Cine de Lima PUCP, donde Salvador del Solar estrenará su nueva película: 'Ramón y Ramón'. A la vez, actúa en 'Astronauta'. Perú21 lo entrevistó.
Así eran aquellos días que lo obligaron a dejar Chile y aterrizar en Londres becado por el British Council para perfeccionarse en The London Academy of Music and Dramatic Arts.
El actor que alguna vez fue Salvador Allende en la ficción visitó nuestra capital para ser parte del Festival de Cine de Lima PUCP, que va hasta este 16 de agosto. En el encuentro recibió un homenaje por su trayectoria en el cine. En su extensa filmografía, cuenta con una película nominada al Óscar: No, del afamado Pablo Larraín.
Alfredo Castro, a la vez, ostenta un paso importante por el teatro, la televisión y la docencia. En el festival también dictó una clase maestra.
Un homenaje podría dar pie a hacer un balance de vida y obra. ¿Se atreve a hacerlo?
Es tremendamente positivo. En el día a día, película a película, uno va haciendo su trabajo como corresponde, lo mejor que uno puede. He tenido la fortuna de estar con grandes directores y directoras; he sido muy afortunado, y no quiere decir que me haya llegado de la nada, quiere decir que he trabajado para eso.
¿Se cuestiona mucho o es amable con usted mismo?
De hecho, nunca me miro en la filmación. Hay actores que van y miran el monitor, piden repetir; yo pongo plena confianza en el equipo que está trabajando. Obviamente, hay trabajos que no me han gustado mucho.
Yo lo conocí primero en la televisión a través de la teleserie ‘Pampa Ilusión’.
Yo encuentro que ese trabajo de parte mía fue excesivo. Era muy exagerado, muy actuado, muy histriónico.
Era un poco el sentido, ¿no?
Claro, pero a mí me pareció siempre que yo podría haberle bajado un par de ‘pueblos’.
Era como un actor de teatro.
De hecho, estaba basado en un actor de teatro chileno. Pero me pareció que estaba como cinco ‘pueblos’ más arriba de lo que debía estar.
¿Cómo era ser actor en los años de la dictadura?
Interesante en el sentido de que era una lucha constante todos los días en contra de la censura del régimen. Era buscar la forma de cómo manifestar una posición política sin que te pudieran llevar preso o parar la obra... era durísimo.
¿No siente que, de alguna manera, esos tiempos vuelven hoy?
De otra manera, en las fake news, en que pueden hacer un video contigo con inteligencia artificial haciéndote decir cosas que tú no has dicho, algo que está pasando en Chile. En las fake news se inventan realidades, son peligrosas.
¿Usted tenía claro que sería actor?
Mi infancia fue de unos juegos muy solitarios, pero también de mucha violencia.
¿Qué jugaba?
No entremos en detalles, eran juegos de invenciones de mundos muy violentos, que los jugaba solo. Yo creo que de ahí surge un poco la ficción-realidad. Pero algo no me satisfacía de la realidad que la buscaba en la ficción. Muchas veces yo me siento más cómodo en la ficción que en la realidad.
¿Es huir de la realidad o profundizar en ella?
No es huir. Se comprende mejor la realidad desde la supuesta ficción. Entonces, es un juego sutil, hermoso, desafiante entre lo que es ficción y lo que es realidad. La ficción nos invade todo el día y ya no sabemos qué es verdad o qué es mentira.
¿Qué se le dice a alguien que quiere ser actor?
A mí solo me ha servido la vida que yo he vivido.
¿Cómo así?
He vivido una vida a veces no fácil, a veces muy fácil.
¿En qué momento no fue fácil?
No te voy a contar nada privado. Esos momentos difíciles uno los atesora como sustento para ser un buen actor.
Una vez en Europa, ¿por qué vuelve a Chile?
Porque quería trabajar en Chile contra la dictadura. Entonces, volví en el año 85.
¿No habría sido más cómodo quedarse en Europa?
Me lo ofrecieron. En la escuela donde estudié tenía que declararme refugiado político. Y sabiendo que había gente que sí eran refugiados y sí eran políticos, dije que no.
Pudo haber dicho “soy un refugiado político”.
Yo crecí en una familia muy ética.
¿Un actor debe ser ético?
Todo ser humano debe ser ético.
¿Y lo somos?
Uno lucha porque así sea. Por eso se hace teatro, por eso se hace cine, pensando que tal vez esa obra de teatro, esa película pueda cambiar a alguien que no es ético.
¿Usted ha sido prudente al enfrentarse desde la cultura al poder o, más bien, arriesgado?
Prudente me parece una palabra un poco cobarde. Yo tomé mis riesgos como correspondía.
¿Por qué prudente le parece una palabra cobarde?
Ser prudente es como acomodarse un poco al poder. Yo nunca lo hice así.
Pese a la pantalla, ¿siempre vuelve al teatro?
Sí, porque en el teatro tú comprendes con mayor claridad y respeto lo que es estar frente a una cámara. Estar frente a una cámara es estar frente a un ser humano. Entonces, una cámara es un ojo, es un ser vivo que me está interrogando.
Autoficha:
-“Soy Alfredo Castro Gómez. No digo mi edad. ¿Por qué no la digo? Porque no me interesa. ¿Por qué no me interesa? Porque no es relevante para una persona. Hay cosas que no se preguntan: ¿dónde naciste?, ¿dónde estudiaste?, tu sexualidad, tu edad, tu pareja”.
-“(Esos son datos) que ayudan a que te etiqueten. Si digo tengo 80 años, ‘uy, qué viejito es’. Si digo 20, ‘uy, qué joven es’. Hacer tres películas, cuatro películas al año con 100 personas en cada película, los nombres, los lugares, ya no sé dónde despierto, si estoy en Lima o en Chile”.
-“Vengo de filmar en Uruguay una serie, también filmé en Chile para otra serie, estuve en Toronto haciendo un piloto para una serie larga. Además, se viene una película en Chile, una serie en toda Latinoamérica para Netflix y una obra de teatro. Ya no enseño, porque ya no me queda tiempo”.
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