¿Cree en el destino?
Creo en el consuelo (sonríe). Y me volvió a pasar con 'Tantas veces Pedro' (1977), que me lo robaron yendo a España, a la isla de Menorca, donde escribí esa novela, que podría decir que fue mi favorita. Me encerraba en un departamento alquilado y venía la paliza literaria que me pegaba. Escribir, escribir y escribir y por las noches salía, indudablemente, con hambre, y entraba al único bar que había en ese pueblo. Me sentaba en una silla, parece que lo hacía torpemente. Escoger una silla me costaba trabajo. Estaba en otro mundo. Un día, cuando salía del bar, el dueño me dijo: “Es usted el cliente más raro que he tenido. Llega borracho, toma copas y se va sobrio” (risas).