Alessandra Rivera tenía 12 años cuando descubrió su pasión por el arte, gracias a que su madre, Pilar, la inscribió a un taller de actuación durante el verano. Su talento la llevó a Nueva York, donde interpretó a Lara en la obra En el borde de la también nacional Mariana de Althaus, bajo la productora ArtPlus, que busca poner en escenario el talento latinoamericano.
Sin embargo, no todo ha sido alegría para la joven chalaca. Lejos de casa y a poco de firmar su primer contrato, su madre falleció. En memoria a ella, literalmente el pilar de su carrera, sigue abriéndose paso en La Gran Manzana, donde el arte latinoamericano va ganando espacio. Esta es su historia.
A través de su trabajo artístico y de The Bravas, impulsa la presencia de historias latinoamericanas y crea puentes entre la escena peruana y la neoyorquina.
¿Cómo llegas a Nueva York?
Audicioné dos veces a la American Musical and Dramatic Academy, a la segunda es que me llega un mail que me decía que me querían aquí, que había la posibilidad de una beca y ahí empiezo a hacer todo el papeleo y la visa, que como estaba sponsoreada por AMDA, fue más sencillo, fue así en resumen.
¿Estudiaste aquí algo relacionado antes?
Estuve en Performing Arts, la escuela de teatro de la familia Cayo, de donde pude audicionar para AMDA. También estuve en la escuela de baile de uno de los profesores que conocí ahí, George O’Brien en su escuela Go to Dance donde aprendí las bases del baile.
¿Cómo empiezas en el arte?
Toda la vida lo amé. Crecí viendo musicales como Grease, Dirty Dancing, películas de Bollywood, música de Michael Jackson… Mi padre fue, en sus años mozos, baterista de una banda, entonces tenía eso alrededor, con familiares tocando la guitarra, el cajón, cantando, tenía la música en la sangre. Sin embargo, no lo tomaba tan en serio.
¿Cuándo fue en serio?
En la pandemia me di cuenta de que encerrada en cuatro paredes, como en una oficina, no podría vivir. Para mí el arte era vital y quise volverlo mi carrera. Aparte, sentí que en la industria un peruano no tiene mucha representación. Quiero que una niña me vea y se sienta representada en un escenario, que diga: “ella vino de donde yo vengo y lo pudo lograr, entonces yo también lo puedo hacer”.
¿Cómo tomó tu familia tu decisión?
Mi papá quiso mucho que yo sea psicóloga, porque era algo que también me interesaba a mí, pero la psicología del personaje, ligado siempre a esa parte artística. Me gustaba, pero no era lo que me llamaba. Mi mamá siempre fue muy de “yo te quiero apoyar”, pero tenía ese temor de cómo podría solventarme del arte. Fue quien más me apoyó, porque siempre quiso ser maestra y no pudo. Su sueño no se cumplió y ella no quería que fuera así conmigo, aunque no fue fácil, requirió de muchas conversaciones incómodas, pero me apoyaron.
¿Sentiste miedo antes de comunicarles esto?
Totalmente. Siempre fui tímida para tener conversaciones, desde muy pequeña y fue mi propia mamá quien me metió a una clase de actuación a los 12 años, para poder hablar más. Al final eso me hizo descubrir mi pasión y desde ahí tenía una rutina con el arte, entre ensayos, talleres, clases de danza, que era algo que amaba. Bueno la pandemia fue un “bye” a todo eso y ahí dije “sin esto no vivo”.
¿Qué sentiste cuando te admitieron en AMDA?
Vi que me habían mandado un mail de ahí, entonces dije: esta es la notificación de si me han aceptado o no. Cuando vi: “Felicitaciones has sido admitida”, yo no lo podía creer y lo primero que hice fue entrar al cuarto de mis papás y empecé a llorar.
¿Cómo te sentiste cuando llegaste?
Me encanta que aquí hay cultura a tu alrededor, que expande tu mente y te abre a más posibilidades. Hay gente de Italia, Japón, China, India, más latinos, es hermoso. Nueva York es un lugar donde todo es muy rápido, te exige ponerte las pilas. Hay que tener paciencia, pero no quedarse, eso te enseña esta ciudad.
¿Qué extrañas de Perú?
Aparte de la comida (risas), a mis sobrinos, que son como mis hermanos. Mi mamá tuvo a mi hermana a los 20 años, a mi hermano como 4 años después y a mí cuando ella tenía 43. Fui tía a los 10 años, entonces mis sobrinos eran más como mis hermanitos, son mi vida entera y quiero lograr cosas para que ellos digan “yo también puedo lograr esto y más”.
¿Has regresado?
Desde que llegué no he vuelto, pero pensé en hacerlo. Antes de que mi mamá falleciera, la internaron el día que yo ensayaba para mi primer cabaret, algo que ella no sabía, eso fue un viernes. El sábado se puso peor y mi familia me dijo que me llamarían el domingo y fue como “ok, me están diciendo que me despida”. Esperaba el flyer de la presentación para contarles a mi familia, a mi mamá.
Fue una despedida
Esa fue mi última videollamada con mamá, que no podía hablar, pero sí escuchaba, y le conté de mi primer show, de lo que estaba haciendo. Nos vimos por última vez. Ella falleció y horas después me llega el flyer de la compañía con la que hice el cabaret, mi debut. Fue un momento agridulce, porque era el inicio de mi carrera en Nueva York, pero mi mamá falleció, fue muy chocante. En mi celular tengo el flyer al lado del anuncio del velorio de mi mamá, los dos al mismo día.
¿Cómo seguir adelante después de esa noticia?
Ella fue la mujer más fuerte que conocí y conoceré, así que tengo que honrar toda la resiliencia y fuerza que tuvo, no pueden quedar en vano. Ella es el impulso que tengo para no rendirme. Se fue de lo terrenal para poder verme en todas partes, aunque toda mi vida la voy a extrañar.
AUTOFICHA
- “La pandemia fue chocante, pero me comprometió más con el arte. Por la salud de mi mamá, no salí de casa hasta 2022, pero aproveché en aprender inglés de manera virtual, buscar musicales y aprender más de lo que sería mi carrera, para no empezar desde cero”.
- “Soy jefa de proyectos creativos en ArtPlus y trabajo además en Rumbamena, que explora mucho la cultura latina con las coreografías y bailes. Siento que muy pronto habrá un espacio para los peruanos y su cultura mientras más nos unamos y nos demos a conocer. Estoy segura”.
- “Mi primera experiencia fue un cabaret con Chasing Dreams, en Don’t Tell Mamma, un lugar muy reconocido en Nueva York, interpretando ‘Inmortal’ de Alejandra Egoavil en La Mariscala, una canción escrita por Gonzalo Polar. Fue la oportunidad perfecta para mostrar el arte peruano, pues la temática era la representación de artistas internacionales”.
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