Hubo varios aspectos significativos. El más notorio fue el hecho de que Alejandra no había vuelto a Perú en casi 22 años. Lo que le generó una profunda desconexión con el país. En mi caso, nací y crecí en Perú, pero me fui a los 16 años. Si bien mi vida actualmente se desarrolla fuera del país, esa similitud con el personaje marcó un gran vínculo. Fue como experimentar una travesía, un proceso de autodescubrimiento. Cada vez que regreso a mi tierra natal, siento un sentimiento muy parecido. A medida que visito, noto que las cosas cambian. Sí me siento distante de mi hogar. Sin embargo, cuando llego, experimento esa reconexión especial. De todas formas, siempre mi destino final en Perú será Cusco.