Valores y conductas del presidente ideal: una oportunidad para la despolarización
¿Qué esperan realmente los peruanos de un presidente? Un estudio sobre valores y percepciones explora el perfil del mandatario ideal y plantea el reto que enfrenta el próximo gobierno para reconciliar al país.
En el año 2026, nuestro grupo de investigación-consultoría estudió los valores que el Perú cree que debe tener el presidente ideal, valores que a su vez reflejen la profunda mentalidad de los votantes.
A pesar de las enormes diferencias geográficas, microculturales, de estilos de vida en grado de polarización caliente-achorado-machetera, encontramos valores comunes para el presidente ideal: Honestidad (no corrupción), Líder preparado que comunica y, finalmente, Cercano. También investigamos cómo esos principios se traducen en comportamientos o resultados concretos presidenciales (los valores que no aterrizan en conductas no sirven ni para la ciencia ni para la vida práctica, solo para el floro).
Encontramos que deben Controlar la violencia y la delincuencia, Apoyar a las poblaciones vulnerables y Traer estabilidad económica, en ese orden de importancia. Dicho de una manera político-estereotipado-prehistórica, ni derecha ni izquierda, un gobierno que resuelva los problemas para los grupos polarizados, desde el entendimiento de sus problemas, desde sus propias perspectivas. Pongamos algunos ejemplos de cómo la percepción de estos valores y conductas presidenciales se traslada a una popularidad, aunque sea efímera.
Wolfgang Grozo tuvo un salto de popularidad que duró pocas semanas, del rubro otros en las encuestas electorales, creció como la espuma, posicionándose como un líder honesto, casi un héroe nacional, que combatiría con inteligencia y contra inteligencia militar la corrupción, como un buen comunicador y un candidato campechano-cercano. En pleno meteórico ascenso, reportajes periodísticos revelaron que mintió de forma descarada, lo reposicionaron como mentigrozo y cayó tan rápido como apareció.
Martín Vizcarra aparecía a ritmo de podcast durante la pandemia, con un discurso cercano, cálido y campechano que se enfocaba en un problema coyuntural central: el de salir vivos de la pandemia; un equivalente a lo que ahora sería controlar la violencia y la delincuencia. No importó que posteriormente se sepan una serie de calamidades de su gestión, ya estaba posicionado como un comunicador cercano que resuelve. Si no lo hubieran desembarcado de su candidatura, quizá hubiera peleado la segunda vuelta.
Pedro Castillo pudo ser elegido por ser percibido como profesor de escuela rural, honesto, que comunicaría bien y era cercano para la población más allá de Lima y similares. Ofrecía una mejor economía para estos grupos, apoyo a poblaciones vulnerables y controlar la violencia al estilo rondero. La evidencia fue mostrando a un político que hacía los mismos arreglos para su personal conveniencia. Su capacidad de comunicación fue vergüenza nacional en vitrina internacional, y su cercanía dejó de ser la de un profesor rural para ser la del dirigente sindical polarizante que era.
Ya es periódico del mes pasado hablar de cómo Keiko Fujimori llegó a la Presidencia por margen estadístico de error (+/- 0.3%), dicho de otra manera, por azar (suerte), pero la portada de la semana puede ser que tenga la oportunidad para reconciliar las poblaciones polarizadas. Oportunidad de que se le perciba desde un inicio como relativamente honesta, en comparación con los presidelincuentes del pasado. Que se le vea preparada y que comunica con claridad. Que se le vea cercana-campechana-buenaonda (no como villana de Disney).
Que esta percepción de valores presidenciales se traduzca en conductas concretas que logren que se perciba con los meses que va habiendo más plata, en el colchón o en el banco, de forma estable y sin que te extorsionen; que se vaya controlando la violencia y la delincuencia. Que vaya habiendo apoyo a las poblaciones vulnerables, no tanto para dar pescado, sino promoviendo competencias de pesca; estar mejor preparados para el super-Niño y para el terremoto 8.8 en Lima.
En suma, una gran oportunidad de reducir la polarización, de unir esfuerzos y emprender un Estado de progreso y bienestar, a través de un gobierno que sintonice con los valores y conductas esperadas del presidente ideal. Validadas con obras que se adapten a las necesidades del diverso territorio y mentalidades de los peruanos (no de una parte minoritaria de ellas). Pasar de la confrontación necia, sorda y de invalidación, hacia una hoja de ruta optimista, clara y sinergético-convergente, que ponga en evidencia las oportunidades que existen y atraigan al talento que se fue y al que se va a ir.
La historia, en breves años, señalará si Keiko Fujimori se inscribe en las páginas fallidas de los paupérrimos presidentes, o en las páginas del Perú que queremos, del Perú que merecemos.
