Transición verde: hacia la carbononeutralidad y la economía circular
Más del 64% de la energía ya es baja en carbono y el 87% de empresas tiene planes sostenibles: el sector privado en Perú pisa el acelerador climático y redefine su impacto ambiental como actor decisivo de un cambio urgente y necesario.
El discurso de la sostenibilidad en el Perú ha dejado de ser declarativo para convertirse en una agenda con resultados medibles. Las cifras más recientes confirman que el sector empresarial está asumiendo un rol activo en la transformación ambiental, impulsado por las exigencias regulatorias, la presión de los mercados internacionales y una ciudadanía cada vez más consciente.
Lo que revelan los datos
Según el informe “Sostenibilidad: del compromiso a la acción”, que presenta los resultados de la Primera Consulta Empresarial de Sostenibilidad en el Perú, hoy, el 87% de las empresas peruanas afirma contar con una estrategia de sostenibilidad.
El estudio reunió las voces de más de 230 empresas —grandes, medianas y pequeñas—, que operan en más del 70% del territorio nacional, y afirma que más de 2,600 organizaciones ya están inscritas en la plataforma Huella de Carbono Perú, número que refleja un crecimiento sostenido en la medición de emisiones.
El informe fue desarrollado por el Pacto Global de la ONU - Perú en alianza con el Sistema de las Naciones Unidas en el Perú y con el apoyo de 19 gremios y cámaras empresariales. Esta consulta ofrece una comprensiva mirada actual sobre cómo el sector privado está asumiendo el reto de la sostenibilidad, qué avances ha logrado y qué brechas aún deben cerrarse.
Un hallazgo clave es que la sostenibilidad ya no es opcional.
Como se mencionó el 87% de las empresas peruanas afirma contar con una estrategia o plan de sostenibilidad. Pero la cifra más reveladora también destaca que solo el 59% de empresas asigna presupuesto anual y que el 44% mide sus resultados con indicadores concretos (KPIs). En otras palabras, el compromiso existe, pero aún falta llevar a cabo acciones medibles. Este informe no solo muestra esa brecha —la brecha entre decir y hacer—, sino que ofrece una hoja de ruta clara para cerrarla.
Otras buenas noticias son que el 69% de las empresas ya percibe una mejora en su reputación gracias a sus acciones sostenibles, que el 30% reporta mayores ingresos o ventas y el 24% atrae más talento.
El panorama es aún mejor entre las empresas del Pacto Global de la ONU: el 82% mejora su reputación, 53% atrae talento y 50% aumenta ingresos. Con estos resultados se confirma que la sostenibilidad genera retorno para la empresa, en confianza, en talento y crecimiento.

Acción climática y energía limpia
La descarbonización está dejando de ser una promesa. La transformación más visible se está dando en el frente energético. En 2025, el 64% de la electricidad consumida en el país ya provenía de fuentes de baja emisión de carbono, con la hidroenergía como principal soporte, seguida por el crecimiento de la energía solar y eólica. Este avance no es menor: la generación de energías renovables en el Perú prácticamente se ha duplicado en dos décadas, pasando de 16.176 GWh en 2000 a más de 37.000 GWh en 2024.
Por otro lado, los combustibles fósiles, liderados principalmente por el gas, constituyen aproximadamente un 36%, lo que subraya la necesidad urgente de reducir la dependencia de las fuentes de energía contaminantes que contribuyen al cambio climático y la contaminación del aire.
En paralelo, tecnologías como la eólica y la solar han experimentado crecimientos acelerados, con aumentos de 66% y 32% respectivamente en su generación durante el último año registrado. Detrás de estas cifras hay una apuesta empresarial concreta. Más de 60 compañías participan actualmente en la generación eléctrica nacional, muchas de ellas incorporando energías limpias en sus operaciones y proyectos de expansión.
Además, la cartera de proyectos refuerza esta tendencia: al menos 2.9 gigavatios adicionales de capacidad renovable —principalmente solar y eólica— entrarán en operación hasta 2030, impulsados por inversiones privadas, de acuerdo con la información oficial del Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería (Osinergmin), que anticipa el salto en la interconexión de Centrales de Generación Renovable No Convencional (CGNC).
El cambio también se refleja en la gestión interna de las empresas. De acuerdo con Perú Sostenible, cerca del 60% ya cuenta con sistemas de monitoreo ambiental, y en los últimos tres años han reducido en promedio 29.5% su consumo energético.
Así, la carbono-neutralidad empieza a construirse sobre bases reales: medición de emisiones, electrificación de operaciones, uso de energías limpias y adopción de tecnologías inteligentes. La acción climática empresarial ya no es una tendencia: es una transformación estructural en marcha.

Un desafío que genera valor
Si bien la transición energética avanza con fuerza, la economía circular se perfila como el siguiente gran frente de cambio y uno de los más desafiantes.
El Perú genera alrededor de 8.7 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos al año, de los cuales hasta el 78% podría reciclarse. Sin embargo, menos del 2% es efectivamente reaprovechado.
Esta brecha ha impulsado a empresas y al Estado a acelerar estrategias para convertir residuos en valor. Un ejemplo concreto son los programas que han incrementado la recolección selectiva de materiales reciclables de 366 toneladas a más de 537 toneladas mensuales, con impactos económicos directos: los recicladores formales generaron más de S/ 3.8 millones en ingresos por comercialización.
Desde el sector empresarial, los avances también son visibles. Según reportes recientes, diversas compañías han logrado reducir hasta un 84% de sus residuos en los últimos años gracias a mejoras en procesos, ecodiseño y reaprovechamiento de materiales.
Asimismo, se multiplican las iniciativas que reincorporan residuos a la cadena productiva: como el reciclaje de más de 116 millones de envases de cartón en un año.
La transformación de desechos en materiales de construcción, y la recuperación de más del 85% de minerales en relaves mineros mediante procesos circulares.
El potencial económico también es significativo. La Cámara de Comercio de Lima (CCL) ha destacado que una transición hacia una economía circular podría generar hasta el 2% del PBI nacional y más de 300 mil empleos en el país. En este escenario, la economía circular deja de ser un concepto aspiracional para convertirse en un modelo de negocio con impacto directo en competitividad, innovación y eficiencia.
Para lograrlo, se requiere un enfoque integral que involucre a ciudadanos, autoridades y empresas en cuatro áreas clave para mejorar el sistema de gestión de residuos: educación y cultura del reciclaje; infraestructura adecuada, como el acceso a contenedores diferenciados en espacios públicos y la mejora de rutas de recolección; formalización de los recicladores ante la precaria situación laboral de muchos de ellos; y normas efectivas que desarrollen reglamentos adaptados a la realidad del país y fortalezcan su aplicación.
Impacto que se multiplica
El componente social también va ganando protagonismo. Las empresas están movilizando a sus colaboradores en acciones directas que fortalezcan su vínculo con las comunidades.
Aunque menos cuantificado, este tipo de iniciativas se integra cada vez más en las estrategias ESG, extendiendo el impacto más allá de las operaciones corporativas y generando valor en territorio.
El voluntariado corporativo se ha convertido en una herramienta poderosa para movilizar talento humano e impulsar acciones concretas. Campañas de limpieza de playas, jornadas de reforestación urbana y recuperación de espacios públicos son algunas de las iniciativas que involucran tanto a colaboradores como a vecinos. Estas acciones no solo generan un impacto ambiental positivo, sino que fortalecen el sentido de pertenencia y la cultura organizacional.
Además, los talleres comunitarios sobre reciclaje, uso responsable de recursos y educación ambiental contribuyen a generar conciencia y promover hábitos sostenibles. El impacto, en este caso, se multiplica al empoderar a la ciudadanía.
Una ventaja competitiva
La sostenibilidad se consolida como un factor clave de reputación y negocio. El 69% de las empresas peruanas reportan mejoras en su imagen gracias a sus acciones ambientales, mientras que el 30% ya percibe un impacto positivo en ingresos.
Convertida en parte de la gobernanza corporativa, la sostenibilidad alinea sus objetivos económicos con el bienestar del entorno. En este marco, los reportes de sostenibilidad que ya publican el 78% de las compañías en el país evidencian un avance importante en transparencia y rendición de cuentas. El propósito ambiental, además, se ha convertido en un diferenciador competitivo. Las marcas que demuestran un compromiso genuino con el planeta logran conectar mejor con consumidores cada vez más conscientes y exigentes.
