Reconstruir la confianza para volver a crecer
Reconstruir la confianza es el gran reto del nuevo Perú. Seguridad, un Estado profesional, menos burocracia y más inversión privada son las bases para retomar el crecimiento y ampliar las oportunidades.
El principal desafío del Perú no es únicamente volver a crecer. Es reconstruir la confianza entre ciudadanos, Estado y sector privado. Sin confianza no hay inversión, sin inversión no hay empleo, y sin empleo no existe desarrollo sostenible.
El Perú ha iniciado una nueva etapa, pero llega a ella con profundas desigualdades y un Estado que aún no logra responder con eficacia a las necesidades de la población. Durante las últimas décadas el Perú generó recursos suficientes para cerrar muchas brechas sociales, pero lo que falló fue la capacidad del Estado para transformar esos recursos en servicios públicos de calidad. Resulta inaceptable que, después de años de crecimiento económico, cerca de ocho millones de peruanos sigan sin alcantarillado y alrededor de cuatro millones no tengan acceso a agua potable. El problema no ha sido la falta de recursos, sino la incapacidad del Estado de convertir ese crecimiento en mejores servicios, oportunidades y calidad de vida para las personas.
Tenemos que poner a las personas en el centro de las decisiones y si bien el Perú tiene muchos desafíos pendientes, hay dos que requieren atención inmediata, y son recuperar la seguridad y prepararnos para enfrentar el fenómeno de El Niño.
Sin seguridad no existe libertad para emprender, invertir o trabajar. La seguridad ciudadana debe ser entendida como una política para proteger a las personas, pero también como una condición indispensable para el desarrollo económico. La inseguridad se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los peruanos. La delincuencia organizada, la extorsión, el sicariato y las economías ilegales amenazan la tranquilidad de las familias, limitan sus oportunidades y ponen en riesgo miles de emprendimientos. Combatir este problema exige fortalecer la inteligencia policial, mejorar la coordinación entre las instituciones, incorporar tecnología y enfrentar con decisión actividades ilícitas como la minería ilegal, el narcotráfico y el contrabando.
Como país, también debemos prepararnos para enfrentar al fenómeno de El Niño. El Perú no se puede seguir sorprendiendo por fenómenos que sabe que ocurrirán. Esa lógica debe cambiar. Pasemos de la reacción a la prevención, que sea una política permanente la limpieza de cauces, el fortalecimiento de defensas ribereñas, la ejecución de infraestructura de drenaje y una adecuada planificación territorial. Para ello es indispensable aprovechar plenamente mecanismos como las Obras por Impuestos y las Asociaciones Público-Privadas, facilitando su ejecución y generando las condiciones para que el sector privado contribuya con mayor rapidez y eficiencia en las obras que el país necesita.
Aquí hay un punto clave, y es buscar consenso para hacerle frente con éxito a estos desafíos. Solo mediante el diálogo entre los distintos actores de la sociedad será posible dar cara a los retos e impulsar reformas, donde el factor humano, el profesional, su capacidad técnica e idoneidad deben ser innegociables.
Nuestro país necesita que los mejores profesionales ocupen los principales cargos públicos. La administración pública no puede seguir siendo un espacio de reparto o improvisación. Servir al Estado debe significar integrar una carrera pública basada en capacidades, desempeño y vocación de servicio. Las instituciones fuertes no dependen de las personas sino de reglas que permitan que los mejores lleguen y permanezcan en el servicio público.
Y es aquí cuando la simplificación burocrática constituye un requisito indispensable para impulsar el crecimiento y atender las necesidades de la población. No solo debemos destrabar grandes proyectos de inversión, sino también facilitar la apertura y operación de miles de mypes que hoy enfrentan trámites excesivos para formalizarse y crecer. Cada trámite innecesario representa tiempo perdido, mayores costos y menos oportunidades para quienes quieren invertir, emprender o generar empleo.
Para volver a crecer por encima del 5%, el Perú necesita impulsar nuevamente y con fuerza la inversión privada. Para lograrlo, es indispensable ofrecer estabilidad política, seguridad jurídica, reglas claras y un Estado que facilite, en lugar de obstaculizar, el desarrollo de los proyectos. La inversión privada genera la mayor parte del empleo formal y constituye el principal motor del crecimiento económico. Somos una potencia minera con una cartera de proyectos superior a US$63 mil millones, líderes en agroexportación, poseemos uno de los patrimonios turísticos más importantes del mundo y tenemos enormes oportunidades en diversos sectores.
El Perú ha demostrado en distintos momentos de su historia que, cuando trabaja unido y establece objetivos comunes, es capaz de superar enormes desafíos. Hoy necesitamos recuperar ese espíritu. La confianza, el diálogo y la institucionalidad deben convertirse nuevamente en los pilares del desarrollo nacional. Desde CONFIEP seguiremos promoviendo consensos y trabajando junto al Estado y la sociedad para construir un país más seguro, más competitivo y con mayores oportunidades para todos.
¡Viva el Perú!
