Promesa y tarea
A dos siglos de la Independencia, un recorrido por cinco momentos decisivos de la historia republicana revela cómo el Perú ha alternado crisis, reformas y esperanzas que aún resuenan en el presente.
Hace 200 años (1826), la economía peruana se encontraba postrada por los graves estragos de la guerra de la Independencia. En la fortaleza del Real Felipe, el brigadier español José Ramón Rodil había recién capitulado, después de dos años de asedio. El ingreso medio del peruano no alcanzaba ni a la mitad de lo que había sido en 1800, cuando se acercaba al de varios países europeos. Debido a la grave crisis, el naciente Estado incurre en el primer default de su deuda externa. Simón Bolívar, hasta entonces un libertador continental, muestra sus garras de dictador: propone y hace aprobar una Constitución que lo declara presidente vitalicio. La misma dura menos de 50 días. El país, sin mucha capacidad de gestión, va camino a desbarrancarse en una lucha mezquina entre caudillos militares.
Hace 150 años (1876), el fundador del partido Civil, Manuel Pardo, concluía su periodo presidencial y el general Mariano Ignacio Prado asumía el cargo por segunda vez, en el marco de una nueva crisis económica. La bonanza del guano —la “prosperidad falaz”— que facilitó una afirmación mínima de la joven república, llegaba a su fin. Las ricas islas guaneras de Chincha se encontraban exhaustas y el precio del guano en Europa caía por la aparición de sustitutos. Por los aprietos fiscales, el Estado peruano se vio nuevamente obligado a suspender el pago de su deuda externa. Algunos avances se dieron en el ordenamiento nacional: se efectuó el primer censo, dirigido por Manuel Atanasio Fuentes, registrándose una población de 2’699,105 habitantes, de los cuales 120,994 vivían en Lima. La educación primaria pasó a ser administrada por los municipios y fue declarada obligatoria y gratuita en primer grado. Se funda la Escuela de Ingenieros para contribuir con la construcción de obras de infraestructura.
Hace 100 años (1926), la agricultura sufrió los efectos devastadores de un terrible fenómeno de El Niño, el más intenso en lo que corría del siglo XX. El gobierno de Augusto B. Leguía avanzaba en su programa de la Patria Nueva. Para financiar sus proyectos, el Estado había quintuplicado la deuda externa, elevándola a US$ 50 millones, y buscaba avanzar en las negociaciones para el plebiscito de Tacna y Arica. El arquitecto alemán Werner Benno Lange presentaba su plan urbano para la modernización de Lima, donde ya habitaban 250,000 pobladores. Se inició la construcción del parque de la Reserva. Se inauguró la plaza Manco Cápac en La Victoria, con el monumento donado por la colonia japonesa. Como tomar sol resultaba una receta frecuente de los médicos de la época, los balnearios de Miraflores, Barranco, Chorrillos y La Punta prosperaban. El hipódromo de Santa Beatriz vivía sus días de apogeo. El presidente Leguía vio a su caballo Golpe ganar el Derby. La incipiente Federación Peruana de Fútbol lograba su reconocimiento internacional y el campeonato del año era ganado arrolladoramente por el club Sport Progreso, fundado en la fábrica textil Santa Catalina del Rímac. La programación de la radio OAX empezaba a popularizarse. El Museo Larco abría sus puertas. José Carlos Mariátegui fundaba la revista Amauta.
Hace 50 años (1976), la economía sufrió un severo impacto como consecuencia del fracaso de las políticas estatistas y controlistas aplicadas desde 1968 por el gobierno del general Juan Velasco. La deuda externa se triplicó hasta más de US$ 2,100 millones, en parte para financiar subsidios y gastos poco productivos. El Gobierno se vio forzado a dictar sucesivos paquetazos de corrección de precios, lo que originó sucesivas huelgas y malestar social. El gobierno dictó toques de queda que se prolongaron duraron varios meses. Una huelga de los trabajadores de la Compañía Peruana de Teléfonos dejó a sus clientes sin servicio alguno de telecomunicación. La crisis económica estimuló el comercio ambulatorio callejero masivo, marcando el inicio de centros informales como Polvos Azules. El diario La Crónica organizó una singular competencia de triciclos (vendedores de frutas, helados y recicladores) por toda la ciudad, reflejando su rostro popular y migrante. Se inauguraron Plaza San Miguel con 70 locales comerciales y la torre de 33 pisos del Centro Cívico. Los radios a transistores se pusieron de moda para oír la transmisión de los partidos de fútbol. El equipo Unión Huaral resultó campeón del campeonato descentralizado.
Este 28 de julio de 2026, un Perú bastante fragmentado celebrará la transmisión de mando a un nuevo gobierno democrático, con la honda esperanza de que su gestión pueda contribuir a superar la acentuada fragilidad institucional de la última década. El aparato estatal requiere ordenarse y renovarse para superar su empirismo, postración y descoordinación; así como para garantizar la seguridad de sus ciudadanos, combatir el burocratismo y la corrupción, estimular mejor la inversión, el empleo y la competitividad; facilitar un desarrollo sano de las actividades productivas, y garantizar un bienestar mínimo que les permita progresar a los peruanos más vulnerables.
Las frases con las que Jorge Basadre concluye su historia republicana aún se mantienen vigentes: “A pesar de todos los esfuerzos, una larga tarea por hacer; a pesar de todas las realizaciones, una bella promesa aún no cumplida”.
