Héroes del reciclaje: Por una cultura empresarial sostenible
De residuo a recurso estratégico para la industria
Las empresas peruanas están acelerando la transición hacia una economía circular con metas claras hacia el futuro, integrando el ecodiseño y alianzas con recicladores para cerrar brechas de sostenibilidad.
Perú genera más de 23 mil toneladas de residuos sólidos al día, según los últimos datos del Ministerio del Ambiente (Minam). El panorama en el mundo no es muy diferente. Es más, el Banco Mundial estima que, tomando en cuenta los datos de 2016, la cifra crecerá un 70% a 2050, pasando de 2,010 millones de toneladas a más de 3,400 millones de toneladas de residuos en el transcurso de 34 años.
Sin embargo, desde hace un par de décadas la visión sobre lo que descartamos ha ido cambiando progresivamente hasta dar un giro radical. Lo que antes terminaba en un relleno sanitario —o peor aún, en botaderos informales— se ha ido convirtiendo en el insumo estrella de una industria que busca la eficiencia total.
METAMORFOSIS INDUSTRIAL
La transformación de subproductos industriales ya no es una iniciativa aislada sino un estándar de competitividad. Hoy, las mermas de la industria textil se transforman en paneles aislantes, y los derivados de la producción alimentaria regresan al campo como fertilizantes orgánicos de alta calidad o incluso como biocombustibles.
Esta capacidad de reinsertar derivados en otras industrias como nuevos insumos está reduciendo drásticamente la dependencia de materias primas vírgenes. Este concepto rompe la estructura lineal de “extraer-fabricar-desechar”.
En el Perú, la simbiosis industrial permite que los desechos de una empresa se conviertan en la materia prima de otra, optimizando costos y reduciendo el impacto ambiental. En este sentido, industrias como la pesquera y agroindustrial están liderando el cambio. Por ejemplo, los residuos de la cáscara de espárrago o cítricos se procesan para extraer pectina o fibras para la industria alimentaria, mientras que los lodos industriales de curtiembres están siendo investigados para la creación de materiales de construcción.
Además, aquellos residuos que no pueden ser reciclados físicamente se están transformando en Combustible Derivado de Residuos (CDR), utilizado en los hornos de las cementeras, sustituyendo combustibles fósiles y cerrando el ciclo de manera térmica.
EL RETO DE LOS ENVASES
La meta de la industria es lograr envases 100% reciclables, reutilizables o compostables para 2030. Con ese objetivo, el sector ha volcado sus esfuerzos al ecodiseño.
La primera medida es la utilización de monomateriales. Históricamente, muchos empaques eran “multicapa”, es decir de plástico, aluminio y cartón pegados. Eso hacía que su separación sea casi imposible. Hoy, la tendencia en Perú es migrar a estructuras monomateriales que pueden ser trituradas y recicladas en un solo proceso.
La reducción de plástico virgen gracias a las botellas PET —envases plásticos ligeros, transparentes y 100% reciclables— en el mercado local ya integran, en promedio, un 25% a 50% de resina reciclada (PCR). Este material es una alternativa sostenible y rentable que reduce en más de un 80% las emisiones de carbono frente a la resina virgen.
Una de las empresas que ha consolidado la sostenibilidad como el núcleo central de su modelo de negocio es Backus. En 2025, la empresa logró que más del 85% de sus productos utilicen envases retornables o sean fabricados con material reciclado. Este esfuerzo se materializa a través de programas como “Botella a Botella”, en alianza con Sinba, que ha recuperado más de 1.8 millones de envases desde 2023, y alianzas estratégicas, como la inversión de US$1.7 millones con TechnoServe para profesionalizar a recicladores en Arequipa, promoviendo la inclusión de mujeres y jóvenes.

UN ROL VITAL
La cadena de valor para los residuos no está completa sin el eslabón humano. Las empresas líderes han entendido que no basta con diseñar un envase reciclable si este no llega a la planta de transformación. Por ello, la articulación con asociaciones de recicladores formalizados y gobiernos locales se ha intensificado. Estos “guardianes de la ruta” aseguran que el material posconsumo regrese al ciclo productivo, garantizando la trazabilidad y generando empleo formal en comunidades vulnerables.
Como dicen los expertos, el éxito de la economía circular en el país depende de la logística inversa, es decir, el camino de retorno del producto desde el consumidor hasta la fábrica. En Perú, esto tiene un componente social crítico. Las empresas ya no ven al reciclador como un actor informal, sino como un socio estratégico. Programas de formalización permiten que las asociaciones de recicladores tengan rutas establecidas, equipos de protección y acceso a centros de acopio tecnificados.
A través de los Acuerdos de Producción Limpia (APL) impulsados por el Minam y Produce, las empresas articulan con las municipalidades para mejorar los sistemas de recojo selectivo, asegurando que el esfuerzo del ciudadano al separar su basura no sea en vano y llegue realmente a una planta de transformación.
CERO DESPERDICIO
Puertas adentro, la sostenibilidad ya es parte de una cultura operativa. El concepto de “Zero Waste to Landfill” (Cero Desechos al Relleno Sanitario, en inglés) moviliza a miles de colaboradores en las empresas, ahora llamados “héroes ambientales” como una forma de empoderarlos.
Al respecto, son dos las acciones fundamentales que las industrias realizan:
- Segregación en fuente: Programas estrictos de separación en planta que permiten recuperar casi el 100% de los residuos operativos. No solo se recicla el cartón de embalaje, se optimizan los procesos para que no existan desperdicios en las líneas de producción. Esto incluye la digitalización para eliminar el papel y sistemas a prueba de errores para evitar productos defectuosos que terminen en la basura.
-Eficiencia de recursos: La optimización en el uso de agua y energía mediante tecnologías de reaprovechamiento ha permitido que las plantas reduzcan su huella hídrica de manera significativa. La filosofía de mejora continua se aplica para identificar fugas de energía o implementar plantas de tratamiento de agua residual (PTAR) propias que permitan reutilizar el agua de los procesos industriales en el riego de áreas verdes o en torres de enfriamiento, logrando una operación autónoma y responsable.
El camino hacia 2030 —fecha límite a nivel internacional para frenar el cambio climático, proteger la biodiversidad y reducir la pobreza extrema— es ambicioso. Para el Perú representa un compromiso empresarial que exige disciplina y une la ingeniería del empaque con el corazón de los recicladores.

Jean Carlo Martínez, Director de Sostenibilidad y Compras de Backus: “Más del 85% de nuestros envases son retornables o tienen un alto porcentaje de material reciclado”

Para Backus la sostenibilidad no es parte del negocio, sino el negocio en sí. Y dentro de la sostenibilidad tiene muchas palancas que la fomentan, una de ellas tiene el foco en la economía circular. Para adentrarnos en este tema que genera incentivos y ecosistemas para incrementar la retornabilidad de sus envases y aumentar el contenido reciclado en los mismos conversamos con Jean Carlo Martínez, director de Sostenibilidad y Compras de la empresa líder del mercado cervecero peruano.
En cuanto a economía circular, ¿qué diferencia a Backus de las otras empresas?
A nosotros más que contar historias nos gusta hablar de los resultados, que al final hablan por todo el trabajo que está detrás. Un primer punto que nos enorgullece es que más del 85% de nuestros envases son retornables o tienen un alto porcentaje de material reciclado. Ese 85% tiene esa potencia en torno a la economía circular. Lo segundo es que tenemos el privilegio de tener un impacto profundo a nivel nacional. Eso es algo que nos distingue muchísimo porque tenemos la suerte de estar en cada rincón del país y llevar ese impacto. Uno de los frentes que tenemos es “Botella a botella”, en Lima. Tenemos como partner relevante a Sinba, con quien desplegamos todas las estrategias para comprar botellas que retornen al sistema. También tenemos algunas iniciativas parecidas en Arequipa, con la asociación Mujeres Ecosolidarias. Como empresa privada favorecemos este ecosistema para que ellas se empoderen, se capaciten, nos vendan las botellas y crezcan económicamente.
¿Qué tan complejo es mover la operación de Backus hacia modelos cada vez más circulares?
Es bastante complejo, pero al mismo tiempo emocionante porque nos gustan los retos grandes. Desde el 2023 a la fecha hemos logrado retornar cerca de 1.8 millones de botellas al sistema. Si las pones una tras otra, haces un camino que llega hasta Nazca, más o menos 400 km. Pero aún no es suficiente en relación a todas las botellas que están ahí afuera, que son cerca de 50 millones. Y la dificultad es que no están focalizadas en un lugar en particular, sino que están alrededor de todo el territorio nacional. Somos una parte fundamental en todo este encadenamiento de ecosistemas y ahí es donde buscamos incluso al gobierno, asociaciones, empresas. En la articulación de estos modelos y proyectos a escala nacional es donde logramos generar el impacto que hoy estamos logrando. Hay mucho camino por recorrer.
¿Qué tan importante es trabajar en un modelo colaborativo?
Es fundamental. Además de los esfuerzos que hacemos alrededor de la retornabilidad de la botella, también lo hacemos alrededor del contenido reciclable de estas. Nos asociamos con recicladores, empresas, asociaciones para ir tras ese mercado de botella que es aparentemente inservible. Y en ese esfuerzo no podemos solos. Por ejemplo, en los botaderos o en los establecimientos donde se depositan estos residuos, a veces hay plantas de valoración, que son lugares donde llega el producto y se puede preclasificar. Si tuviéramos más de esas plantas sería un trabajo mucho más fácil. Entonces, hay que hacer una inversión en infraestructura muy importante y para lograrlo tienes que hablar con gobiernos, autoridades, empresas, cadenas logísticas, recicladores. Tenemos como partner y proveedor principal de botellas a Owens-Illinois, una corporación global con la que creamos ecosistemas para traer la mayor cantidad de toneladas de cullet o botellas chancadas que luego entran al proceso productivo y nos dan botellas nuevas.
¿Por qué es importante para Backus incorporar dentro de la sostenibilidad una mirada social?
Ser sostenibles no solamente es ser consciente con el uso de los recursos, sino también serlo con el impacto que generamos en nuestras comunidades. Ahí es donde la parte social es un pilar fundamental de las iniciativas que buscamos. Empresas pequeñas están viendo una oportunidad en el mercado de economía circular, ya sea de botellas recicladas, de vidrio chancado o PET reciclado. Nosotros vemos en ellos una oportunidad y ellos, al mismo tiempo, tienen en nosotros una oportunidad para crecer. Ese componente social viene por default en los encadenamientos que queremos generar, pero buscamos que ese impacto sea mayor. Desde el 2022 a la fecha hemos logrado traer a nuestro sistema de cadena de suministro cerca de 80 mil toneladas de cullets y las hemos puesto en manos de grupos de personas que, a partir del tratamiento de ese material, generan recursos para ellos y sus familias.
¿Qué le falta al Perú para consolidar una economía circular?
Podemos resumirlo en dos: Uno es tomar conciencia del reciclado, porque es muy difícil armar una cadena logística que pueda barrer con ese mercado. Normalmente solemos ir a hubs, lugares donde están esos materiales, pero tener esa conciencia a nivel de familia y sociedad sería un mundo de oportunidades para nosotros. Lo otro es tener la infraestructura adecuada alrededor de estos hubs como almacenes o plantas de tratamiento. Pero necesitamos que el Estado priorice estas iniciativas y genere las condiciones necesarias. El Perú todavía tiene oportunidades para cerrar esta brecha.

