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El talento femenino rompe el mito de la “fuerza bruta” en el sector minero

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Alto impacto. La incursión de ingenieras, geólogas y operadoras está transformando la actividad minera no solo en los socavones, sino también en las mesas corporativas donde se toman las decisiones.

En Perú la automatización, el avance en equidad salarial y las políticas empresariales de retención de las trabajadoras marcan un punto de inflexión a favor de las mujeres. La inclusión estratégica -en puestos de medio y alto mando- ya no es solo una meta social, sino un pilar de competitividad.

La minería en América Latina, históricamente percibida como un territorio

exclusivamente masculino, atraviesa una metamorfosis imparable. Hoy, la participación de las mujeres ha dejado de ser una estadística minoritaria para convertirse en un impulso estratégico de innovación técnica, gobernanza corporativa y sostenibilidad territorial.

Por ejemplo, en el Perú y Chile, dos referentes de la producción mundial de metales, esta transformación se evidencia tanto en las operaciones a más de 4,000 metros sobre el nivel del mar como en las mesas de decisión corporativa.

Tecnología y alta ingeniería en el campo

El ingreso de la mujer a puestos técnicos y operativos tradicionalmente masculinizados ha encontrado un aliado en la automatización y la digitalización. La introducción de centros integrados de operaciones remotas y flotas de camiones de acarreo gigante autónomos ha reconfigurado el perfil del trabajador minero, demostrando que la capacidad técnica y el liderazgo en campo no tienen género.

Este salto se refleja nítidamente en las estadísticas. En Chile, según datos oficiales de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), la participación de mujeres en funciones directamente vinculadas a la producción minera y operaciones de planta se duplicó en solo cuatro años (de 2020 a 2024), pasando de un 6% a un 13%.  

En el Perú, operaciones de vanguardia como Quellaveco en Moquegua -una de las regiones que lidera el empleo minero femenino en el país con más de 2,400 trabajadoras- demuestran que ingenieras de minas, geólogas y operadoras lideran hoy la gestión de flotas autónomas desde salas de control digitalizadas. La tecnología ha eliminado las barreras físicas del pasado. El mito de que la mina requiere "fuerza bruta" ha quedado obsoleto frente a la alta especialización.