Donde el anticucho es una religión
Av. Mariano Cornejo 1068 y 1078, Breña.
Sabor ★★★ Experiencia ★★★ Autenticidad ★★★
OLGA Y BETTY
Con la certeza de quien ha librado mil batallas en silencio y ahora paladea la calma, Olga Campos mira al fondo de su restaurante: “Nada ha sido de la noche a la mañana. Sufrí penurias, pero siempre hay que seguir”. Tiene 70 años y más de la mitad de su vida ha transcurrido entre las brasas y el fuego. Los anticuchos que Olga soasa, a la manera de un obstinado orfebre, han convertido su nombre en una divisa de culto. Vaporoso, encendido por un trajín incesante, nada diferencia a su local de un clásico huarique de barrio. Se trata, sin embargo, de un verdadero templo. Peregrinan viejos comensales, aquellos que la han visto caer en un sitio y resurgir en otro, jóvenes paladares sin reparos ante cualquier distancia.

Era una niña cuando llegó a Lima de San Agustín de Cajas, Huancayo. Trajinó por trabajos disímiles desde muy joven y en ese camino sus tíos la emplearon como ayudante. Ellos eran parte del grupo de anticucheros que apostaban sus carretas frente a la tribuna sur del Estadio Nacional. Allí aprendió de sazón, niveles de aderezo y puntos de cocción. También a perseverar. Cuando un desalojo municipal los dejó sin piso, Olga buscó hacerse espacio en los contornos de la huaca Mateo Salado de Pueblo Libre. Pero las parrilleras de la zona la hostigaban y repelían con amenazas. Solo una se atrevió a defenderla e impuso su derecho a trabajar: Betty.

Desde entonces doraron una amistad a punta de carbón. Cayó el rigor municipal de nuevo y en la incertidumbre decidieron establecerse juntas. A solo unas cuadras, en los linderos de Breña, alquilaron un espacio junto a la pista y luego el umbral de una casa. Sabían de su creciente clientela. Permanecer cerca fue un acierto; unir sus nombres en una marca, también.
Tras la pandemia, Betty dejó el negocio, pero esa esencial fusión de maestrías que gestó con Olga perdura sin tiempo. Es el testimonio ahumado de un sabor incomparable.
Atención: de lunes a sábado de 3 p.m. a 1 a.m. Domingos: 1:30 p.m. a 12 a.m.
Valor diferencial: atención amable y diligente. Olga también ofrece picarones: cinco aros bañados de una exquisita miel a base de higo, canela y clavo.
Anticuchos: S/38. Pancita: S/30. Choncholí: S/30.
Otros platos recomendados: parrillada de res, pechuga de pollo, especial (anticuchos con pancita, molleja y choncholí).
No hay reservas. Todos los platos se preparan al momento.
Formas de pago: efectivo, tarjeta, Yape y Plin.
Redes:
TikTok: @anticucheriaOlgayBetty
Ig: @olgaybetty
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