¿Cómo recibimos este nuevo aniversario patrio?
El nuevo gobierno recibe un país con grandes desafíos, pero también con una oportunidad histórica para recuperar la institucionalidad, fortalecer la identidad nacional y proyectar un futuro de desarrollo.
Este 28 de julio festejaremos, con renovada esperanza, el 205 aniversario de la proclamación de la Independencia del Perú y, como siempre, hay muchas razones que, mezcladas con las sinrazones, nos deben llevar a mirar el futuro con optimismo y esperanza.
Luego de años de inestabilidad, forzada por la incapacidad de muchos funcionarios y autoridades, por la decadencia a la que se ha querido llevar a nuestro sistema republicano y por la debilidad con la que se le ha querido impregnar a nuestra ya frágil democracia, hoy vemos un nuevo amanecer que, lejos de ser del todo promisorio, nos aleja de la posibilidad de un desgobierno, en caso este hubiera recaído en manos de quienes optan por el caos y pertenecen a lo que llamamos el antisistema.
El Perú se enmarca hoy en la nueva tendencia que vemos en América Latina, en donde los gobiernos de derecha o de centro-derecha emergen como una forma de ser y de gobernar; triste habría sido que el nuestro, fuera un caso de diferencia y distancia pues, salvo contadas excepciones, este nuevo panorama continental obliga a comprender la ruta por donde los pueblos quieren ser conducidos.
No obstante, ello, es indispensable tener una visión positiva pero responsable y no idílica de lo que recibirá la presidenta Fujimori a partir del 28 de julio próximo. Luego de cuatro procesos electorales en los que ella ha participado, sale a la luz su tenacidad y la evidente madurez que ha adquirido, entendiendo que su resiliencia la compromete aún más, pues sabe lo que alcanza y comprende el reto que significa asumir la máxima autoridad de la república. Ello junto con la certeza de que ella genera un rechazo que se asocia a la herencia del gobierno de su padre y que recibe un país dividido, fracturado y sumido en mucha desesperanza y abandono, será el acicate necesario para actuar, para gobernar.
Una vez lo dije ya; ella no es su padre y tiene que demostrar que es distinto el momento, son diferentes los retos ahora y ella es una persona diferente, una que pueda y deba ser respetuosa con la memoria de su progenitor. Fujimori tiene la posibilidad histórica, por lo tanto, única, de tomar las riendas del gobierno con energía y vitalidad para que desde el primer momento se comprenda que no habrá medias tintas y que el futuro o se construye hoy, o se destruye en mucho la viabilidad del Perú.
La presidenta recibe un Estado desbordado e innecesariamente crecido, que se ha convertido, para muchos, en una forma de vida para personas que no solo no son indispensables, sino ni siquiera necesarias en el aparato estatal. Esa tarea de solicitar a cada responsable de los sectores de gobierno un diagnóstico transparente de la estructura administrativa y de personal que reciben, será una primera luz para orientar las acciones en el campo de la administración pública que ha de ser eficiente, realista y fundamentalmente honrada porque el ciudadano sabe que son sus impuestos los que mantienen a una creciente burocracia.
A veces cometemos el error de pensar que una sana economía, sustentada en las cifras positivas que ahora puede mostrar el país, son elemento suficiente para garantizar el éxito de un quinquenio. Craso error sería asumir eso como una verdad palmaria, pues el país enfrenta, casi sin duda alguna, un fenómeno de El Niño que puede hacer temblar las estructuras mismas del futuro ya que lo viviremos con años de desatención a la prevención por lo que poner en marcha acciones urgentes implicará destrabar grandes obras pendientes de realización que deberían ser llevadas a cabo con absoluta honestidad, desterrando la severa y profunda corrupción que se descubre en casi cada gran proyecto.
El Estado está muy lejos del ciudadano y no llegan a todos por igual los servicios básicos de educación y salud. Tenemos años de atraso en importantes y fundamentales obras asociadas a estos sectores y es de urgente justicia apostar por la educación en el país. Tenemos, por lo menos, dos generaciones de personas cuyos niveles de capacidad de entendimiento y de posibilidad de futuro se han ido liquidando; si a ello agregamos las crecientes cifras de anemia infantil, no podemos cerrar los ojos ni dejar de pensar que, lamentablemente, un futuro diferente y de inclusión, no llegará para esos peruanos.
En todos los sectores pareciera que se ha insertado una especia de anomia motivada por la sobrerregulación que existe. Entiendo que las normas son fundamentales y que la regulación es necesaria, pero en el Perú, la “tramitología” y el exceso de pautas y normas se ha convertido en una cadena que ata el desarrollo y que, hecha supuestamente para evitar la corrupción, no ha tenido más logro que aumentar esa lacra. Dar marcha a otras en el exceso de leyes y normas, es una tarea pendiente.
Y en ese panorama de sinfín de problemas y, al mismo tiempo de inmensas posibilidades, es necesario, entre otros urgentes asuntos, asumir una postura clara frente a la minería ilegal y dar el apoyo que requieren los grandes proyectos mineros porque el Perú, se quiera o no, tiene como una de sus grandes posibilidades de futuro la producción minera, milenaria y de gran valor en la actualidad, que no solo puede y debe significar ingresos a la caja fiscal, sino que puede y debe generar mejores condiciones de vida para las poblaciones relacionadas a cada proyecto. Hoy en día, no es posible asumir esa falacia o embuste de “agua sí minería no” porque quien la expresa demuestra una actitud tendenciosa y una severa ignorancia respecto a lo que las nuevas tecnologías pueden significar, por lo que engañar así a pobladores con un discurso decimonónico, trasnochado y sin razón de ser, es condenarlos al subdesarrollo.
Todos los sectores requieren una modernización en el manejo de los recursos y quizá, ese tema, enfrente a la presidenta Keiko Fujimori a tener que proponer una serena reflexión sobre la regionalización que, a ojos vista, no ha dado los resultados esperados. En nada se puede pretender un centralismo asfixiante, pero eficiencia y sana imaginación en el uso de los recursos de acuerdo con la realidad de cada región, es el mínimo a poner por delante en las decisiones que se tome.
Pero, desde mi perspectiva, la gran tragedia del Perú no está en el mal uso de la economía, no se enraíza siquiera en la crisis administrativa, está en la carencia permitida y mantenida de valores ciudadanos y de identidad. Y en ese aspecto, la nueva presidenta tiene un campo hermoso y fértil para sembrar y en breve cosechar creciente peruanidad. No es un reto menor ni una responsabilidad secundaria, es la urgente necesidad de involucrar a todos y a cada uno de los ciudadanos en el ser peruanos, en el rescate de la identidad que nos ha de caracterizar, definir y unir.
El ser peruano es en sí una riqueza suprema y perder la identidad para convertir a la mayor cantidad de pobladores en personas que desconocen su pasado, desprecian a sus héroes, se desvinculan con su historia, se marginan de su riqueza cultural y olvidan sus raíces, eso sí es una tragedia que será muy difícil de remontar.
Ahí la gran tarea que la presidenta Keiko Fujimori tiene por delante, porque lo material que no se sustenta en un espíritu positivo, amante de lo propio y respetuoso con la nación, será solo eso: un pequeño logro material y el Perú está llamado a mucho más.
